OPINION: ¿Qué pasa con Jerry Brown?

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El gobernador de California Jerry Brown, habla durante una fiesta de recaudación de fondos para el fiscal del condado de San Bernardino, Mike Ramos, en el Hotel Double Tree en Ontario, Mar.1 de 2012
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La proclamación del legado del líder campesino César E. Chávez como monumento nacional en EE.UU. la semana pasada fue, además de un hito para la comunidad hispana, una prueba del estado que atraviesan las relaciones del electorado latino con los políticos demócratas locales y federales.

El presidente Barack Obama

fue recibido con un ambiente de mitin, al grito de “cuatro años más” y tuvo que esperar a que los asistentes se calmaran antes de poder iniciar su discurso.

También fue aclamado el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa, quien se tomó fotografías y departió con los invitados con asiento en las primeras filas, cerca del atril de Obama.

Una fiesta que tuvo al gobernador demócrata Jerry Brown como la ausencia política más notable.

Su no asistencia, confirmada posteriormente por su oficina de prensa, resultó sintomática del momento complicado que viven sus relaciones con la comunidad hispana que en 2010 le apoyó en las urnas.

Un 63 por ciento de los votantes latinos de California se decantaron entonces por el veterano Brown, de 74 años, para dirigir el Estado. Dos años después solo el 40 por ciento de los hispanos aprueba su gestión, según una encuesta de junio de The Field Poll.

Sus últimos vetos firmados en septiembre a propuestas de ley que favorecían a muchos latinos en California han contribuido a incrementar durante las últimas semanas su impopularidad en ese colectivo.

De hecho, cuando Obama mencionó su nombre en la lista de agradecimientos a las personas que hicieron posible la proclamación del Monumento Nacional César E. Chávez esta semana, se escucharon murmullos y algún abucheo.

No deja de ser llamativo que fuera un evento en honor a César Chávez donde se palpara el desencanto con el gobernador que en 1975 ocupó por primera vez ese mismo cargo después de que el líder campesino apoyara públicamente su candidatura.

La sintonía de Brown y Chávez derivó en la histórica ley de Relaciones Laborales Agrícolas de California que reconoció los derechos de negociación colectiva a los trabajadores del campo.

El año pasado, Brown volvió a acordarse de Chávez y designó el 31 de marzo de 2011 como el “Día de César Chávez”, conmemorando el 84 aniversario de su nacimiento, apenas tres antes de vetar una ley que habría facilitado a los campesinos su incorporación a formaciones sindicales.

El pasado 30 de septiembre, Brown bloqueó por fallos e imperfecciones en su desarrollo tres nuevas proposiciones de ley que soliviantaron nuevamente a los sindicatos y las organizaciones hispanas.

Dos de estas normativas pretendían regular más estrictamente las condiciones laborales mínimas para los trabajadores del campo y los empleados domésticos, la tercera, conocida como “Trust Act”, limitaba la posibilidad de que un detenido por la policía californiana pudiera ser puesto en manos de las autoridades migratorias.

Para Brown, “Trust Act” necesitaba ser “corregida” antes de poder darle su visto bueno definitivo, pero desde las oficinas del asambleísta demócrata Tom Ammiano impulsor de esta propuesta se aseguró que se mantuvieron reuniones con el gobernador y no entendieron las razones del veto.

Los miembros del sindicato de César Chávez (UWF) también se encogieron de hombros cuando Efe les preguntó por los vetos de Brown.

“No sabemos por qué está haciendo eso el gobernador, se nos hace algo injusto, está diciendo que para él los inmigrantes no son importantes”, dijo Diana Tellefson, vicepresidenta de Reforma Migratoria de UWF, quien aseguró que no se van a “quedar callados”.

Curiosamente, “Trust Act” venía a responder a las medidas contra la inmigración irregular desarrolladas bajo la Administración de Obama, criticada por la deportación de 1,2 millones de indocumentados desde 2009.

A diferencia de lo que le ocurre a Brown, el presidente de EE.UU. que ha sido incapaz de poner en marcha hasta ahora su prometida reforma migratoria, no parece sufrir problemas de imagen.

Recientes sondeos aseguraron que un 72 por ciento de los electores hispanos de California respaldarán su reelección el 6 de noviembre, apenas dos puntos porcentuales menos que el apoyo que recibió en 2008.