OPINION: Raíz de la matanza

  /THE ASSOCIATED PRESS
Tasha Devoe, a la izquierda, de Lawrence, Massachusetts, se une a una marcha a la sede de la Asociación Nacional de Rifle en el Capitolio en Washington Lunes, 17 de diciembre 2012.

La matanza en la escuela Sandy Hook de Newtown, una de las peores de la historia reciente de EE.UU., ha abierto el espinoso debate sobre la posesión de armas en un país donde muchos habitantes aman sus pistolas y rifles, y que ha convertido la libertad individual en un pilar inquebrantable.

Comprar armas. Ésa ha sido la reacción de muchos estadounidenses tras la masacre perpetrada por Adam Lanza, el joven de 20 años que irrumpió el viernes pasado con un fusil y dos pistolas en la escuela Sandy Hook y mató a 20 niños de entre 6 y 7 años y a 6 adultos después de haber asesinado a su madre y antes de quitarse la vida.

Otros muchos ciudadanos abogan a raíz de esta matanza por tener seguridad armada en los colegios de primaria, en un país donde 31.000 personas murieron por disparos de armas de fuego en 2010.

Sin embargo, más de la mitad de los participantes en una encuesta de The Washington Post realizada el fin de semana cree que el tiroteo en Newtown (Connecticut) es un reflejo de los problemas de la sociedad.

En la misma línea, el presidente Barack Obama subrayó el domingo en una vigilia por las víctimas que se requieren cambios profundos y anunció que en las próximas semanas usará “todo el poder” de su cargo para lanzar una discusión en la sociedad estadounidense sobre “cómo prevenir tragedias” como la de Newtown.

El enfoque de la Casa Blanca no es solo una legislación sobre la posesión de armamento, un derecho recogido en la Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense, considerada sagrada por los defensores de las armas.

También se busca abordar la cultura de la violencia y la atención a personas con problemas mentales, como parece que era el caso de Lanza, en un país sin sanidad universal ni gratuita.

Es una tarea ingente para Obama, a punto de comenzar su segundo mandato con otros asuntos pendientes de importancia como la remodelación de su gabinete, las negociaciones con los republicanos para evitar el “abismo fiscal” y la promesa de impulsar la esperada reforma migratoria.

El debate sobre las armas es políticamente peligroso para congresistas demócratas y figuras del partido como Rahm Emanuel, hoy alcalde de Chicago, exjefe de gabinete de Obama y reacio a las restricciones de la venta y la posesión.

Pero la masacre de Newtown ha sido un punto de inflexión, como en su día fue la de Columbine (1999), para senadores como el demócrata Joe Machin, favorable a la tenencia de armas y que sostiene que es hora de un “debate real” sobre el control.

Incluso la influyente y poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA, en inglés) aseguró “estar preparada para ofrecer una colaboración significativa” para que tiroteos como el de Newtown “nunca vuelvan a ocurrir”.

En Estados Unidos la posesión de armas y la defensa del derecho a llevarlas está, por lo general, mucho más arraigada en las zonas rurales que en las urbanas y las leyes al respecto varían mucho de un estado a otro.

Una de las pistolas usadas por Adam Lanza era una Glock calibre 10 milímetros, utilizada por los policías de Groenlandia para el caso de que tengan que enfrentarse a un oso polar, lo que da ejemplo de la elevada potencia que tienen algunas de las armas que se venden en el país.

Lanza también empleó un fusil de asalto semiautomático, el Bushmaster AR-15 (la versión civil del militar M-16). Un arma del mismo tipo fue usada por el llamado “francotirador de Washington”, quien en 2002 aterrorizó a la capital y sus alrededores matando al azar a 10 personas y dejando a otras tres heridas.

La prohibición a la venta de armas de asalto estuvo vigente entre 1994 y 2004, cuando ni el entonces presidente George W. Bush ni la mayoría republicana que había en las dos cámaras del Congreso hicieron nada para prorrogarla.

La influyente senadora demócrata Dianne Feinstein prevé presentar esta misma semana ante el Congreso una iniciativa para reactivar esa prohibición, algo que prometió hacer Obama en la campaña electoral de 2008 y que hasta ahora no había vuelto a plantear.

Además de las armas de asalto, también están en el punto de mira de los legisladores los cargadores de alta capacidad. El autor de la matanza de Newtown llevaba muchos cargadores de 30 balas para su AR-15, según la policía.

Los esfuerzos para un control más efectivo de las armas de fuego estuvieron muy cerca de lograr resultados tras las matanzas en el instituto Columbine (Colorado, 13 muertos en 1999); en una escuela de Jonesboro (Arkansas, cinco muertos en 1998) y en el instituto Springfield (Oregon, dos muertos y 25 heridos en 1998).

Entonces, en 1999, el Senado aprobó por estrecho margen una propuesta de ley para restringir la venta, especialmente con controles en las ferias de armas para evitar que las personas con antecedentes criminales puedan comprarlas.

Pero la medida fue derrotada en la Cámara de Representantes tras una intensa campaña de presión y propaganda por parte de la NRA y de grupos aliados.