MÉXICO: Enrique Peña Nieto proviene del corazón del PRI

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Enrique Peña Nieto (der.), en una foto familiar de su juventud en Atlacomulco, en el Estado de México.

Atlacomulco, Estado de México — Enrique Peña Nieto, el presidente electo de México, creció en esta región montañosa rodeada de campos de cultivo y mansiones. Una región donde confluyen el mito y la realidad.

“Atlacomulco es mi hogar”, dice Peña Nieto. “Un lugar chico, mi pueblo”.

Joven, apuesto, con el cabello siempre perfectamente peinado, Peña Nieto sigue siendo una figura enigmática, a pesar de que sus fotos de campaña aparecen colocadas a lo largo de todo el país en autobuses, carteles panorámicos, muros y en las defensas de los vehículos.

Pero, pese a ser bien reconocido por nombre, poco se sabe acerca del hombre que se prepara para regresar, a partir del 1 de diciembre, al poder al Partido Revolucionario Institucional (PRI) después de 12 años de ser oposición, en este país de 112 millones de habitantes.

Según analistas y quienes lo conocen, su capacidad para gobernar durante los próximos seis años será puesta a prueba si logra tender un puente entre el viejo sistema político y el nuevo partido que prometió en su campaña.

También será probado en qué tan lejos estará dispuesto a transformar la imagen de un partido envuelto en acusaciones de compadrazgo y corrupción, en vez de perfilarse como una nueva generación de servidores públicos ansiosos por ganarse la confianza de los mexicanos pero cumpliendo sus promesas de campaña de restablecer la seguridad y generar empleo, como dijo en una entrevista luego de su victoria.

“Su reto es ser un puente entre dos generaciones”, dijo Andrew Selee, analista del Instituto México en el Centro Woodrow Wilson, en Washington D.C., y quien se ha reunido con Peña Nieto en varias ocasiones.

“Él ha atravesado el desierto con nosotros, el PRI”, dijo Javier Treviño, asesor en asuntos exteriores y su director de campaña en el estado de Nuevo León. “Él sabe lo que es tener sed, estar lejos del poder, y estar agradecido por una segunda oportunidad”.

Los orígenes

Peña Nieto nació en un hospital de la Ciudad de México, pero creció en Atlacomulco, a unos 90 minutos por carretera al noroeste de la capital. Aquí se encuentran dos versiones sobre su vida, según lugareños y amigos que lo han conocido por más de una década.

Una residente habla de un joven emprendedor que vendía palomitas en la esquina, lustraba zapatos y era un orador tan persuasivo que algunos estaban convencidos de que sería sacerdote algún día.

Siempre bien peinado y de modales impecables, su madre Socorro cuenta a sus amigos que le exprimía jugo de limón en el cabello para fijarle su ahora famoso copete.

Creció escuchando ABBA, la música de Saturday Night Fever, al cantante mexicano Emmanuel y al grupo Menudo.

“Todos lo conocían como Quique”, dice Martín Orozco Basilio, de 52 años, vecino de la localidad de San Felipe del Progreso y profesor de secundaria en Atlacomulco. “Los veíamos en la plaza siendo el centro de atención, siempre muy amable y seguro de sí mismo”.

Viudo y vuelto a casar con la popular estrella de telenovelas Angélica Rivera, Peña Nieto, de 45 años, es objeto de rumores de infidelidad, lo que apunta otra versión sobre él.

El lazo Atlacomulco

Algunos lo señalan como un mujeriego que creció rodeado por mujeres bellas y de carácter fuerte, entre ellas su madre y dos hermanas, emparentado con algunos de los hombres más poderosos: dos tíos suyos fueron gobernadores y otro familiar distante que fue no sólo gobernador sino también su padrino político.

Todos eran parte del llamado Grupo Atlacomulco, conformado por los hombres más poderosos que México ha conocido, quienes durante décadas gobernaron al país por medio de acuerdos nombrando a voluntad funcionarios locales, estatales y federales, según el historiador John Womack de Harvard.

En ese proceso, el reducido grupo de hombres también acumuló grandes riquezas entre acusaciones diversas, entre otras, de vínculos con el narcotráfico.

Cinco de los últimos seis gobernadores de este estado eran originarios de esta comunidad rural.

“Los restos del poder, los fantasmas del pasado no han desaparecido por completo”, dijo Womack.

Uno de esos hombres es Arturo Montiel, gobernador del estado entre 1999 y 2005, familiar distante y mentor del joven Peña Nieto.

Peña Nieto fue director de finanzas de dos campañas políticas en el estado y eventualmente desempeñó cargos menores en el gobierno de Montiel. Lo más alto que llegó fue como legislador en el congreso del estado.

Montiel, acusado de acumular una gran riqueza —que incluía casas en París , posteriormente escogió a Peña Nieto como candidato para sucederlo en el gobierno, y con eso Peña Nieto cumplía su sueño de niño, dijo en una entrevista.

Su campaña fue sujeta a las insinuaciones de ser una prolongación del grupo que controló al PRI por años.

¿Nuevo priísta?

“Es culpable por asociación”, dijo un colaborador de campaña que lo conoce desde hace casi dos décadas, y que habló a condición de anonimato, diciendo que no tenía autorización de hablar públicamente.

“Él viene de una mentalidad diferente, una generación diferente, educado en una sociedad más plural y democrática”. Su asistente, como muchos otros, se graduó de universidades estadounidenses como Harvard, Yale y MIT.

Peña Nieto dijo en la entrevista que uno de sus sueños de niño era estudiar en alguna de esas instituciones, pero que su carrera política despegó temprano y “ahora aquí estoy”.

Aunque algunos subestiman su intelecto, especialmente después de no haber podido nombrar tres libros que hubieran influido en él en una feria del libro, otros dicen que es un político sagaz con instintos agudos.

“Los cerebros se pueden contratar, pero los instintos no”, dice Tony Garza, el ex embajador de Estados Unidos en México, quien se ha reunido con él en varias ocasiones y cuyo anterior jefe, el presidente George W. Bush, era frecuente objeto de mofa de quienes lo consideraban menos que un genio. “Está a punto de ponerse la banda presidencial”.

Escepticismo

El Estado de México es un estado en forma de herradura que rodea a la Ciudad de México, el más poblado del país y conocido por su férrea independencia… y por un dicho muy popular: “Un político pobre es un pobre político”.

Fue formulado por el fallecido Carlos Hank González, quien inició su carrera como profesor y, nunca habiendo trabajado un solo día en el sector privado, amasó una fortuna que incluía una mansión familiar tan grande que los niños jugaban a las escondidas transportados en carritos de golf.

Hank González, fue líder del grupo llamado los Chicos de Oro de Atlacomulco.

El mes pasado, Peña Nieto vino a su pueblo y dijo una frase con la que dice que su padre (finado en el 2005) lo crió. “En este mundo, el que no vive para servir no sirve para vivir”.

Es un dicho que muchos en esta localidad, como Carmen Martínez, de 62 años, esperan que Peña Nieto no olvide una vez que esté en el poder.

“Todos son unas ratas”, dijo, refiriéndose a los políticos, especialmente los de Atlacomulco. “Pero por lo menos ‘Quique’ hace lo que dice. Firma todos sus compromisos”, dijo, aludiendo a una práctica utilizada por Peña Nieto durante la campaña, parte de su esfuerzo por ganarse a un pueblo desconfiado.