El D
Sobreviviendo en el anonimato
PRIMERA PARTE: El campamento de indigentes en Ontario, reorganizado en abril, brinda tranquilidad temporal a indigentes, mientras que muchos esperan que ésta sea su vivienda permanente.03:42 PM PDT on Monday, July 7, 2008
A las afueras de su tienda de campaña de color blanco y gris, Raquel Gómez tiene varias macetas con flores y algunas plantas sembradas en el suelo que adornan la pequeña entrada de lo que ella llama su hogar desde febrero de este año.
Gómez, de 45 años, es indigente en la ciudad de Ontario desde hace siete años.
Gómez, al igual que muchos otros residentes, llevaban varios años viviendo en la calle, durmiendo debajo de puentes, árboles, en parques, pero ahora vive en tiendas de campaña que la ciudad de Ontario otorgó temporalmente en el campamento conocido como Tent City, a pocas millas del centro de la ciudad.
Tent City se encuentra ubicado en un terreno baldío, entre la Calle State y la Avenida Grove, y alberga a más de 140 indigentes.
De acuerdo a Brent Schultz, director de revitalización de vecindarios y viviendas de la ciudad de Ontario, la situación de esta comunidad ha mejorado desde abril, cuando la ciudad modificó el lugar otorgando lotes y tiendas de campañas a los residentes, de esta manera brindando una vida más segura para los indigentes.
Esta es una solución temporal para mejorar la situación de los indigentes en la ciudad.
Según Schultz, Ontario no cuenta con ningún albergue, pero las autoridades están trabajando en la planificación de un albergue que se abriría dentro de un año y medio.
Actualmente, la población de indigentes en el Condado de San Bernardino es de 7,331, según el último censo realizado en el 2007.
Mientras que en el Condado de Riverside, aproximadamente 4,500 adultos viven en la calle, de acuerdo al estudio "Diez años de estrategia para terminar con personas sin hogar", llevado a cabo en el 2007 por Jefferson Transition.
Las modificaciones realizadas en el campamento supusieron al gobierno municipal un gasto de unos 100,000 dólares, indicó Schultz.
El dinero se utilizó para instalar una cerca de metal que divide el terreno donde se encuentra el campamento de la calle, 12 baños, dos regaderas de agua fría, varias parrilleras (asadores) y una caseta donde las organizaciones locales se instalan para repartir comida.
Nuevos cambios y restricciones
Además, la ciudad otorgó identificaciones y permisos de 90 días en marzo a los residentes que demostraran tener vínculos con la ciudad.
El gasto realizado incluye el mantenimiento del campamento y los guardias de seguridad que patrullan las afueras del campamento las 24 horas del día.
Parte del dinero también se utilizó para pagar por el transporte (autobús) de los indigentes que fueron regresados a sus estados de origen, como Florida, Texas, Connecticut y Washington, puntualizó Schultz.
A las familias con hijos menores de 18 años no se les permitió quedarse.
Los nuevos cambios eran necesarios ante la situación que estaba enfrentando la ciudad para mejorar la vida de los indigentes. Por esta razón, a medidos de abril se realizaron todos estos cambios y se implementaron nuevas reglas, dijo el director.
El día que informaron qué familias se quedarían, parecía como si se estuvieran ganando la lotería, la gente que logró quedarse estaba muy contenta, indicó el oficial y portavoz del Departamento de Policía de Ontario, Anthony Ortiz.
Sin embargo, el campamento parece no haber cambiado del todo, según la opinión de algunos residentes indignados con los nuevos reglamentos.
La nueva orden prohíbe que las personas tengan mascotas dentro de sus tiendas de campaña, realicen actividades clandestinas e ilícitas de tráfico de drogas y prostitución dentro del campamento.
La área ubicada en la zona industrial, a una cuadra del Aeropuerto Internacional de Ontario, comenzó a convertirse en un albergue para indigentes de zonas cercanas a Ontario a principios de junio del 2007, cuando un grupo inicial de 20 personas se instaló en ese terreno, mencionó Schultz.
En pocos meses, el grupo creció a 50 personas y en cuatro meses ya había alcanzado más de 100.
Para diciembre del mismo año, el terreno contaba con 400 personas que habían construido sus propios tiendas de campaña y estaban causando disconformidad en la comunidad, con actividades clandestinas de ventas de drogas e inseguridad, incluyendo peleas entre los residentes.
Esa situación provocó que también se prohibiera el acceso al público y a organizaciones comunitarias que donaban comida y ropa a los residentes.
Les niegan comida y ayuda
La ciudad ahora otorga permisos a las organizaciones que donan comida, ya que según Schultz, algunas organizaciones y grupos comunitarios donaban comida que no siempre estaba en buen estado.
"Nos niegan comida", dijo por su parte Joe, originario de New México y quien se negó a dar su apellido. "La comida estaba en buen estado, sólo buscan excusas para todo".
Las autoridades exigen que la comida donada pase las normas de salubridad públicas para la protección de los indigentes.
"Íbamos a darles comida caliente, pero cada vez hay más restricciones por parte de la ciudad", dijo Alex Castillo, sacerdote de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Ontario.
Hace algunos meses, voluntarios de esta iglesia iban con frecuencia y regalaban comida preparada.
"Ahora damos menos que antes. Antes se daba comida dos veces por semana, nos alternábamos", añadió el religioso. "En Estados Unidos, para todo hay reglas y entones no puedes entrar y no puedes darles cosas. Te sientes limitado, la cuestión es que si tu les vas a llevar cosas y comidas los viernes y sábados, ya no nos dejan pasar porque tenemos que (ajustarnos) a las normas y permisos".
Actualmente, las organización Mercy House en Ontario y Caridades Católicas en San Bernardino son algunos que cuentan con permisos para ingresar al campamento y proporcionar alimentos.
Bolsas de comida
JoAnn Wilkas es una de las voluntarias de Caridades Católicas que acude cada viernes al campamento para repartir bolsas con comida y artículos de higiene, como pasta de dientes, rollos de papel sanitario y vasos y platos de plástico, entre otros.
"La ciudad debería permitir a más agencias a que vengan y ayuden al campamento", dijo Wilkas, mientras repartía bolsas de comida a las personas formadas en una fila esperando recibir la ayuda.
Para la organización católica, el brindar ayuda a los indigentes es una responsabilidad de toda la comunidad, agregó la voluntaria.
La comida y ropa es una necesidad básica para cualquier ser humano, dijo. "Se nos hace más difícil ahora venir a dejar comida. Siento que esto es sólo una responsabilidad, sin importar quiénes son".
La organización también ha ayudado algunas personas a encontrar vivienda y trabajo permanentes, señaló.
Wilkas admite que los nuevos reglamentos ha influido en la mejoría de la comunidad. "Estaba muy caótico, las personas habían construido sus propios campamentos. Ahora el grupo es más pequeño y organizado".
La seguridad
Una de las preocupaciones para las autoridades era la seguridad de los residentes del campamento y la comunidad, puntualizó Schultz.
"Me siento segura aquí, en la calle me tengo que ir a dormir preocupada", dijo Raquel Gómez, quien se mudó al campamento junto a su novio a principios del año.
Su novio vivía debajo de un árbol y Gómez tenía pocos meses de estar en libertad, después de haber estado en prisión. Gómez abandonó su casa hace siete años. Aunque extraña su casa de tres recámaras en Ontario, no planea regresar aunque esté expuesta a todo tipo de peligros en la calle.
Además, dice estar viviendo muy feliz con su novio, quien encontró trabajo hace unas semanas instalando alfombras.
Además, a pesar del poco tiempo que lleva viviendo en su tienda de campaña, admite que le ha tomado aprecio.
Aunque no la tiene amueblada, sí la tiene organizada, con varias cobijas muy limpias que usa como colchón y que ha ido recolectando en la basura.
"Es muy dura la vida en la calle porque observas violaciones, como matan y golpean a alguien", dijo Gómez, quien ha sido golpeada severamente y tiene dos cicatrices de acuchilladas en su cintura.
"Existía tráfico de drogas, especialmente durante la noche", dijo por su parte el oficial Ortiz. "No podemos resolver el problema pero ahora todo está más regulado".
A pesar de que la ciudad patrulla el campamento, no todos los residentes se sienten seguros.
"Si sabes que no estás en el campamento, cualquier persona puede entrar a tu tienda y robarse lo que guste", dijo Joe. "Y no puedes hacer nada al respecto. Cualquier persona puede venir a tu casa durante la noche y acuchillarte".
Solamente en junio fallecieron tres personas, dos mientras eran hospitalizadas y una dentro de su tienda de campaña, supuestamente por muerte natural, dijeron los guardias del campamento.
La próxima semana no se pierda la segunda parte, adonde residentes cuentan su odisea al vivir en este campamento enfrentando el calor.
Para comunicarse con Gabriela González, llame al (909) 806-3207 o escriba a ggonzalez@pe.com.






