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Madre y hermana al mismo tiempo
RESPONSABILIDAD: Odra Soto, de 19 años, tuvo que hacerse cargo de sus cuatro hermanos y bebé recién nacido, mientras sus padres fueron deportados.10:40 AM PDT on Tuesday, May 13, 2008
Con nueve meses de embarazo y cuando tan sólo tenía 17 años, Odra Andrea Soto viajó junto a sus cuatro hermanos, todos menores de 13 años, en un autobús desde Morelia, Michoacán, hasta Tijuana para ingresar a su país natal, Estados Unidos.
Este viaje le dio un giro de 180 grados a su vida, "en un abrir y cerrar de ojos", convirtiéndola de adolescente a madre. Sus padres fueron deportados a México y en su regreso a California, Odra decidió hacerse cargo de sus hermanos.
Odra, residente de Riverside y ahora con 19 años, tiene la custodia legal de madre de sus cuatro hermanos: Anthony, de 15 años, Zomeli, de 9, Jafet, de 6, y Melina, de 3. Además, su hija legítima, Suzy, tiene un año y medio.
A principios del 2004, Carlos y Claudia Soto, padres de Odra, recibieron una notificación de deportación después de varios intentos en la corte para obtener la residencia.
El juez decidió no darles la residencia argumentando que la familia Soto estaba en perfectas condiciones para sobrevivir en México.
En abril del 2004, la familia Soto decidió salir voluntariamente del país y con una maleta para cada miembro partieron del aeropuerto de Tijuana a Morelia, sin fecha de regreso.
"Se fueron llorando todos en el avión, fue algo diferente para nosotros. Teníamos miedo, estábamos nerviosos, no conocíamos a la familia de mi papá", dijo Odra. "Me fui como niña y regresé como madre".
Fue difícil para la familia Soto tomar la decisión de abandonar su casa, su vida y sus familiares, pero no podían quedarse en California, según explicó la joven.
La decisión de los padres fue que todos regresaran a México, aunque los menores fueran ciudadanos estadounidenses y su madre de Guatemala.
"Vendimos las camas, las televisiones, los muebles y los electrónicos y nos llevamos sólo ropa y muy pocas cosas personales".
Al principio fue muy difícil acostumbrarse a vivir en un país que no conocían. Estaban familiarizados con México sólo a través de fotos y lo que sus padres les contaban.
Los primeros días en Ucareo, Michoacán, los jóvenes los disfrutaron como si estuvieran de vacaciones. Sin embargo, un mes después de que los padres comenzaron a trabajar en el campo recogiendo peras y otras frutas de temporada, se acabó el trabajo y enfrentaron la cruda realidad, ganando unos 100 pesos al día, el equivalente a 10 dólares al día.
Durante su estancia en Michoacán, la familia alquiló su dúplex residencial que tenían en Riverside. Su abuela materna los ayudó a realizar los pagos de alquiler durante su estancia en Michoacán.
Durante los dos años que estuvieron en México, los más pequeños aprendieron a vivir una vida más sencilla, desde trabajar en el campo hasta mejorar el poco español que sabían.
Odra aprendió a cocinar y a lavar ropa a mano, cortar leña y a cuidar a sus hermanos menores mientras sus padres trabajaban.
La vida en México era sencilla pero llena de retos. A veces no tenían dinero para comprar materiales escolares para los niños.
De Michoacán a Riverside
"Mis padres ya no podían más con los pagos de la escuela, los niños no habían ido al dentista ni al doctor durante casi dos años", dijo Odra.
Además, Odra estaba embarazada y quería que su hijo naciera en Estados Unidos, como ella.
No obstante, su doctor le había indicado que era peligroso viajar en autobús con nueve meses de embarazo, pero encontró la valentía y habló con sus padres y decidieron que era mejor que regresara a Riverside.
Gracias a una colecta de sus familiares de Anaheim y Riverside, Odra recibió dinero para pagar por los boletos de autobús para sus hermanos.
"Nos vinimos los cinco con sólo una maleta de ropa. Nos fuimos en la tarde el 18 de octubre del 2006. Cuando nos despedimos de nuestros padres, fue una cosa muy difícil. Sentía una cosa bien fea, todos lloraron, fue una decisión muy dura para mis padres dejar a sus hijos. Era por nuestro bien, pero era muy difícil para ellos", dijo Odra con tristeza.
Los días que duró el viaje por tierras mexicanas fueron difíciles. Con sólo 300 pesos para gastos de comida y viajando a través de paisajes desérticos que observaban desde las ventanas del autobús, Odra y sus hermanos tenían sentimientos encontrados, ya que no dejaban de llorar extrañando a sus padres, pero estaban emocionados por regresar a casa.
El viaje duró tres días y dos noches. "En el camino se desesperaban y pateaban, (decían) que se querían bajar. Tenía miedo. Pensaba, '¿qué pasa si se me pierde uno o si me robaban uno?'", recordó Odra, quien al mismo tiempo buscaba en sí misma la fortaleza para regresar a su país y volver a estudiar después de dos años de no acudir a una escuela.
En Tijuana los esperaba una amiga de su tía Patricia, a quienes Odra y sus hermanos no conocían, con un rotulo en el que se leía "Anthony y Odra, la amiga de tía Paty, los va a recoger".
Esa amiga los alojó en su casa, les dio comida y un techo donde pasar la noche hasta que viniera su tía a recogerlos.
Un día después de su llegada a Tijuana, intentaron ingresar a Estados Unidos por el paso fronterizo pero les negaron la entrada a pesar de ser ciudadanos estadounidenses, por ser menores de edad y no estar acompañador de sus padres.
Después de ese primer intento fallido, los cinco hermanos se encontraban tristes y se hospedaron en un motel en Tijuana, donde analizaron cómo intentarían ingresar a su país. Habían decidido que no regresarían a Michoacán, además de que tampoco tenían dinero para el pasaje de vuelta.
Al día siguiente por la mañana y con el temor de ser rechazados nuevamente por los agentes fronterizos, además de las contracciones que Odra sentía por su embarazo, el grupo de hermanos intentó cruzar la aduana, pero esta vez a pie.
"Estuvimos en la fila esperando unas dos o tres horas. Llegamos y la agente era una estadounidense. Estábamos sudando al cruzar la frontera", explicó Odra.
La agente los dejó pasar después de hacerles una serie de preguntas. Odra mintió en sus respuestas y le dijo a la agente que habían ido a México a visitar a unos familiares en Tijuana.
Esa misma noche que ingresaron a Estados Unidos, Odra dio a luz a una niña y a partir de ese momento comenzaron sus responsabilidades, no sólo de madre legítima de Suzy, su recién nacida, sino también de sus cuatro hermanos menores.
"Ahí empezó mi rol como madre. Pasaron (hermanos) como dos o tres meses sin ir a la escuela. No podía moverme porque era madre de ellos", dijo Odra.
Odra no podía tomar decisiones en la escuela o con los médicos sobre sus hermanos porque no era la madre legal de ellos.
"No sabía que iba a tener su custodia", dijo Odra. Sin embargo, un día recibió por sorpresa la custodia legal donde sus padres la autorizaban a convertirse en la responsable legítima de sus hermanos.
Actualmente, Odra espera con impaciencia cumplir los 21 años para solicitar la residencia de sus padres para que regresen a Riverside y vuelvan a convertirse en una familia unida.
Con la custodia legal de sus hermanos, Odra comenzó a buscar la asistencia de servicios sociales, como medical, comenzó a vacunar a sus hermanos y los inscribió en la escuela.
"Me preguntaba, '¿en qué me metí?... Soy la que voy a estar a cargo de ellos hasta que lleguen mis padres", dijo Odra, sin saber exactamente cuándo podrían venir sus padres.
Después de varios meses en la casa que sus padres tenían en Riverside y de matricular a sus hermanos en la escuela, Odra sintió la necesidad de hacer algo con su vida y llamó a la Preparatoria Abraham Lincoln en Riverside. "Quería seguir estudiando y obtener mi diploma de preparatoria".
De acuerdo a Karen Johnson, asistente de la directora de la Escuela Abraham Lincoln, habló con Odra y después de escuchar su historia le dijo que era bienvenida si prometía no faltar a clases. A la joven sólo le faltaban unos pocos créditos para graduarse del bachillerato.
"Queríamos asegurarnos que Odra y sus hermanos tuvieran una vida normal. Además, era madre de cuatro y una buena estudiante", señaló Johnson. "Sólo necesitaba una oportunidad".
Odra sabía que la única manera de sacar adelante a sus hermanos y de ella tener un futuro prometedor era estudiando una carrera. Después de sus quehaceres, se dedicaba a estudiar al final del día.
"Tengo grandes planes para mi futuro. Todos los días, cuando me levanto, pienso en mi futuro, en mi carrera y en mis hermanos y mi hija", aseguró Odra, a quien le apasionan las artes culinarias y le llama la atención la carrera de enfermería o alguna relacionada con las ciencias naturales.
Madre y hermana a la vez
Hace un año y medio tomó la responsabilidad de hacerse cargo de sus hermanos, la situación no ha sido fácil, pero aseguró que es una experiencia agradable.
"Ellos necesitan (los hermanos) mucho a sus padres. Hago todo lo posible por darles lo que necesitan, pero necesitan el amor y cariño de sus padres. La niña de tres años piensa que soy su mamá. Todos los días me dicen que me quieren".
Los fines de semana, Odra trabaja limpiando casas para poder ganar dinero y comprar lo básico para ella, su hija y sus hermanos.
La joven también recibe asistencia social, desde dinero en efectivo para cubrir los pagos de luz y gas, hasta estampillas de comida. Asimismo, sus tíos la ayudan a realizar los pagos de la hipoteca.
"Han habido veces que quisiera dejarlo todo y seguir con mi vida junto a mi niña porque es una desesperación pero (me) digo, 'soy el único familiar que tienen. Algún día, cuando estén grandes, van a ver todo lo que hice'. Me estreso mucho".
Aunque sus hermanos obtengan buenas calificaciones en la escuela, hay cosas que afectan y desconcentran a los menores en sus estudios, además de la tristeza siempre presente por la falta de sus padres, en especial cuando observan a sus compañeros en las reuniones escolares acompañados de sus padres, mientras ellos van acompañados de Odra.
Odra entiende que seguirá cuidando a sus hermanos como madre pero no dejará de ser su hermana. "Cuando me dicen 'mamá', me siento feliz, orgullosa porque estoy haciendo algo por ellos, los estoy cuidando. Los quiero muchísimo, me siento mal porque no tienen a sus verdaderos padres aquí".
Anthony es el mayor de los cuatro hermanos y es quien ayuda a Odra a mantener la casa organizada y limpia, además de atender a sus hermanos menores. "La veo como mi mamá. Está a cargo de todo, nos cuida y es responsable. Ya no la veo como una hermana".
Odra admitió que a veces se pone triste porque no tiene suficiente dinero para llevar a sus hermanos a pasear y divertirse, como lo hacen otros niños de su edad. "Los trato de sacar porque sé que son niños", dijo Odra. "No somos de ir a comer a McDonalds o Chuck E. Cheese. Me da coraje porque ellos ven a otros niños con sus padres, pero sin embargo valoran más lo que tienen en casa que otros niños".
"Ellos saben que no soy su mamá, pero me aceptan como hermana y madre. Todos los días preguntan por su mamá, que dónde está su mamá y papá".
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