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Vida después de la guerra

PRIMERA PARTE: Como parte de la fuerza armada en Irak, Rubén Villalpando, tuvo que enfrentar la muerte y sufrió de problemas psicológicos.

06:45 PM PDT on Thursday, April 24, 2008

Por PATRICIA HUESO
La Prensa

Hace un año y medio, Rubén Villalpando recibió el alta para regresar a su casa en Rialto tras estar cinco años en el ejército.

El 20 de marzo de este año significó el quinto aniversario desde el comienzo del conflicto bélico en Irak y Villalpando, de origen mexicano, compartió con La Prensa sus vivencias como soldado del ejército estadounidense en Irak y el trato que recibió en el Hospital Walter Reed en Washington, D.C. por sufrir una depresión que tardó más de dos años en superar.

"No me sentí nunca tan maltratado y abandonado", admitió el joven veterano, quien asistió a la Escuela Secundaria Rialto.

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Cortesía Rubén Villalpando
Rubén Villalpando durante operaciones en la Base Dagger en Tikrit, Irak, en la torre de observación que se encuentra frente a uno de los palacios del fallecido ex dictador Saddam Hussein.

Villalpando, además de sufrir psicológicamente, también tuvo que enfrentar la muerte de su primo y mejor amigo.

Después de vivir estas experiencias negativas, el joven no volvió a ser el mismo. Su depresión lo llevó al borde la muerte. Villalpando denunció el trato que recibió en el hospital militar, el cual agravó su enfermedad.

Villalpando, según explicó, fue uno de los miles de pacientes que esperó en cama a que un médico lo atendiera, mientras se encontraba rodeado de ratas, cucarachas y otros pacientes que se querían suicidar.

Un sistema médico caótico, sin personal y sobrecargado con miles de soldados y veteranos heridos que, al igual que Villalpando, esperaron meses o hasta años para conseguir la ayuda profesional que necesitaban.

En septiembre del 2002, Villalpando acababa de cumplir los 18 años cuando decidió ingresar al ejército. Al igual que Villalpando, muchos de sus compañeros tomaron la misma decisión, según él, por razones económicas.

"Nos decían los reclutadores que al regresar del ejército nos pagarían la universidad", recordó Villalpando.

El joven nacido en Guadalajara afirmó haber hablado con muchos de los sargentos que se dedican a ir a las escuelas en busca de reclutar estudiantes.

"Se aprovechan de nuestras carencias económicas. Esta es la razón por la cual se enlistan los latinos en grandes números, ya que no tienen otras opciones".

Sin embargo, según el consejero Jorge Pérez, de la Escuela Secundaria Ramona en Riverside, el trabajo de los consejeros en su escuela consiste en dar a los estudiantes el mayor número de opciones posibles para que no se equivoquen a la hora de elegir su futuro.

"Nuestra prioridad es animar a los muchachos a que sigan con sus estudios, ya sea en las universidades u otras instituciones educativas. No dejamos que nuestros alumnos elijan como primera opción ir al ejército. Les decimos que si eso es lo que quieren, que lo hagan pero después de haber ido a la universidad. Sin embargo, muchas veces no podemos decidir por ellos".

Según las estadísticas de la Escuela Ramona, la cual cuenta con el mayor número de estudiantes latinos del área de Riverside, en el 2007 se inscribieron en el ejército un 1 por ciento de sus estudiantes, mientras que un 79 por ciento eligieron seguir estudiando, y el resto prefirieron incorporarse al mercado laboral.

En la actualidad, Villalpando reconoce que en su día no pensó en los riesgos ni las consecuencias que suponía ir a la guerra. Explicó que sus padres no le hablaron sobre lo peligroso que era tomar esa decisión y admitió que la tomó sin consultarlo con sus padres.

"Nunca me imaginé lo que viviría durante los cuatro años siguientes. En ese momento era muy inocente y me dejé llevar por lo que me dijeron los sargentos", dijo Villalpando.

Un panorama totalmente distinto a lo que luego se encontraría cuando en febrero del 2004 el joven latino aterrizó en la ciudad de Tikrit, al noroeste de Bagdad a orillas del Río Tigris.

"No tenía ni idea de dónde me estaba metiendo y a pesar del entrenamiento que habíamos recibido en Alemania, no tenía nada que ver con lo que me encontré al llegar. Fue un impacto verte de repente en un lugar tan caótico. Sin embargo, a pesar de que en cualquier momento podía morirme, no llegué a tener miedo", dijo Villalpando.

Al principio, el joven soldado estaba ilusionado.

"Íbamos a establecer la democracia para el pueblo iraquí. Los grandes recibimientos que veíamos al principio en la gente se volvieron con el tiempo en rencor y odio".

Y poco a poco, Villalpando fue perdiendo la sensibilidad y personalidad con la que había llegado a Irak.

"No me daba pena ver morir a la gente. Mataba a grandes masas y tras dar la orden de disparo a mis compañeros, sentía una sensación de desahogo", admitió Villalpando, quien ostentaba el cargo de "Fire support specialist (13 foxtrot)" en el ejército.

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Una responsabilidad que le dejaría marcado por el resto de su vida

Villalpando afirmó sentirse muy seguro en su trabajo en Irak.

"Estaba muy bien preparado, me habían enseñado muy bien a manejar la parte informática y el sistema de radares que localizaban al enemigo. Mi trabajo consistía en dar la orden de disparo a mis soldados. Para ello, era necesario estar muy concentrado y procurar que todo saliera bien porque si daba una orden equivocada a mis soldados, no sólo podían morir ellos, sino también gente civil".

Villalpando recordó su trabajo como delicado y muy estresante.

La base era una cárcel

Villalpando describió el lugar donde se levantaba y se acostaba todos los días en Irak como una cárcel. "No podíamos salir, era peor que estar encarcelado".

Villalpando admitió sentirse vigilado continuamente por el resto de sus compañeros. "No podía decir nada que fuera en contra de la guerra por miedo a que me amenazaran". Incluso, dijo que llegó a esconder un libro de Noam Chomsky que le prestó un amigo, debido a que el autor estadounidense es muy crítico de la política exterior de EE.UU.

"Su lectura me cambió la forma de pensar, me abrió los ojos. Desde entonces, todo el ideal de la guerra que tenía en mi cabeza se derrumbó. Me empecé a dar a cuenta que nos estaban utilizando y que por lo único que estábamos allí era por intereses económicos".

Luego de leer el libro, Villalpando admitió que "no podía aguantar mi rabia y por las noches, cuando me tocaba hacer la guardia de mi base, me dedicaba a hacer pintadas en el muro con frases antiguerra, como 'No a la guerra del petróleo' y 'No al imperialismo', 'No a Bush'. Por la mañana, alguien ya las había borrado. Quería que los soldados abrieran su mente y se dieran cuenta como yo de lo inútil que era esta guerra y que estábamos allí por intereses económicos".

Mueren dos seres queridos

La peor pesadilla de Villalpando se hizo realidad cuando en marzo del 2005 le comunicaron que su primo, Omar Nolasco, acababa de sufrir un accidente y murió electrocutado en las duchas de una base militar también en Irak, situada a tan sólo media hora de la suya.

"Fue la muerte más injusta porque ni siquiera fue su culpa, fue la del ejército que no se apuró en arreglar los cables de los baños, los cuales ya habían dado calambres a algunos de sus compañeros con anterioridad".

Nacido en 1970 en México, Nolasco se enlistó en la Marina de EE.UU. en 1988, con lo cual obtuvo la ciudadanía estadounidense y después ingresó a las filas del ejército. Fue él quien convenció a Villalpando a que se alistara en el ejército.

Juntos emprendieron la aventura pero Nolasco no la pudo terminar, dejando viuda a su mujer, a la cual conoció en Japón en su anterior misión como marine, y a un hijo.

Villalpando lo recordó emocionado y criticó de nuevo al ejército por no haber querido invertir dinero en mejorar las instalaciones de la base.

"Tuvieron que esperar a que pasara lo de mi primo para actuar".

Villalpando no pudo despedirse de Nolasco.

"Ni siquiera me dejaron venir a Riverside a su funeral porque no había substitutos que pudieran hacer mi trabajo".

Como tampoco pudo hacerlo de su compañero de habitación, quien murió días más tarde en una explosión.

Segunda parte: En la edición del viernes 2 de mayo, Rubén Villalpando explica qué sucedió en un hospital militar en Washington D.C. tras su regreso de la guerra en Irak.

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