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Cuando la ayuda no llega

HOSPITAL: La crisis de salud en el centro militar de atención médica Walter Reed dio a conocer la magnitud del problema de asistencia a veteranos.

04:08 PM PDT on Thursday, May 1, 2008

Por PATRICIA HUESO
La Prensa

En la primera parte de este artículo, el ex soldado del ejército de Estados Unidos, Rubén Villalpando, compartió con La Prensa su experiencia combatiendo en la Guerra de Irak, qué lo llevó a alistarse en el ejército y lo que se encontró en Tikrit, lugar donde su angustia, odio y problemas sicológicos se apoderaron de él.

Villalpando se convirtió en alguien que todavía le cuesta reconocer. Había pasado de ser un estudiante y joven alegre de 18 años con ganas con ganas de unirse al ejército a sentirse sin ilusión para seguir adelante.

Su vida cambió cuando en marzo del 2005 le comunicaron que su primo, Omar Nolasco, acababa de morir electrocutado en las duchas de una base militar en Irak. También perdió a uno de sus mejores amigos en el conflicto bélico.

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AP photo
Rubén Villalpando

Estas dos pérdidas de seres queridos dejaron cicatrices sicológicas en Villalpando, quien tardó un año en ser atendido en el hospital más famoso del ejército, Walter Reed, en Washington D.C., llegando a intentar suicidarse debido al caos y falta de personal especializado.

Secuelas

Las dos muertes trastornaron la vida de Villalpando. Fueron dos golpes muy duros en muy poco tiempo que hicieron que el joven explotara. Las dos muertes lo afectaron hasta tal punto que empezó a padecer una terrible depresión de la que tardaría dos años en recuperarse.

"Me sentía inútil y deprimido allí. No salía con los amigos, solo quería estar solo. Y tomaba mucho alcohol para no pensar".

Villalpando no creía en nada ni en nadie, se encontraba perdido, sin rumbo. Tampoco veía qué sentido tenía su trabajo allí, ni comprendía al resto de los soldados. Villalpando representa la primera ola de lo que los expertos consideran es una avalancha que se aproxima.

Una cuarta parte de todos los soldados y marines que regresan de Irak padecen heridas psicológicas, según un informe reciente de la Asociación Americana de Psicología. Un estudio del ejercitó arrojó que el 20 por ciento de los soldados en Irak sufren de ansiedad, depresión y estrés agudo.

Sin embargo, el sistema de salud mental no tiene fondos ni personal suficiente para hacer frente a esta crisis, según información del Pentágono y la Asociación Psicológica de Estados Unidos, que señalan que más de un 30 por ciento de los soldados padece trastornos mentales.

Walter Reed: trato inhumano

Villalpando fue trasladado a su base militar de EE.UU. en Alemania debido a que su periplo en Irak estaba a punto de llegar a su fin. En Alemania, sus problemas mentales se agravaron.

"Estaba desesperado, las pastillas no me hacían efecto y quería morirme. Ahogaba mis penas abusando del alcohol, saliendo con los amigos y cometiendo muchas locuras", admitió Villalpando.

Fue gracias a la ayuda de un doctor que tras ver el terrible estado anímico de Villalpando decidió ayudarle.

"Me trasladaron al Hospital Walter Reed, el centro más grande de medicina militar de Estados Unidos".

Situado a menos de 10 kilómetros de la Casa Blanca, el principal centro médico militar del ejército estadounidense recibe a más de 14,000 soldados heridos al año, según fuentes del ejército.

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El hospital es famoso por el escándalo que dio la vuelta al mundo después de que cuatro reporteros del periódico Washington Post pasaran cuatro meses investigando las terribles condiciones en las que se encontraban los enfermos.

Rodeado de ratones, cucarachas, manchas de humedad en las paredes y falta de calefacción, Villalpando esperó sanar sus cicatrices mentales al llegar al hospital, un lugar horrible donde Villalpando esperó más de un año en ser atendido por un médico.

"Se supone que aquí me iban a ayudar pero no fue así".

Villalpando explicó que su nombre se perdió en una montaña de papeles sin procesar y los médicos especializados brillaban por su ausencia.

"Me sentía abandonado y frustrado, nadie hacía nada por mí".

Villalpando añadió que debido a la falta de espacio en el hospital, lo trasladaron a un "hotel" situado a unas pocas cuadras del centro médico. En ese hotel, creyó que se encontraría en un lugar más seguro pero la realidad resultó ser otra. Villalpando describió ese lugar como un lugar feo, penoso y deprimente.

"No teníamos nada para comer y para dormir nada más que un colchón lleno de agujeros, era casi peor que estar en la guerra".

Y mientras esperaba ser atendido por algún médico, el joven de Rialto seguía saliendo hasta altas horas de la noche, emborrachándose con otros soldados que al igual que él esperaban ayuda y supervisión.

Durante el tiempo que pasó en el hotel, Villalpando reconoció que estuvo muy cerca de caer en el mundo de las drogas, ya que "a la vuelta de la esquina estaban los camellos traficando con drogas y muchos de mis amigos les compraban de todo".

Según cifras del ejército estadounidense, un mínimo de 40,000 veteranos de las guerras en Irak y Afganistán han sido tratados por abuso de substancias prohibidas.

Por otro lado, el ejército recientemente publicó cifras que indican que cada día unos cinco soldados intentan cometer suicidio.

Villalpando fue uno de ellos. La desesperación de los interminables procedimientos administrativos y la estancia en ese lugar deplorable deterioraron seriamente su salud física y mental hasta el punto que intentó quitarse la vida.

Como resultado, uno de los enfermos de la misma planta en la que se encontraba Villalpando decidió ayudarlo a salir de su pesadilla.

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"No creía en Dios hasta que conocí a este chico, quien me animó a que leyera la Bíblia. Poco a poco fui recuperando la fe y a tener esperanza".

De vuelta a casa

En marzo del 2007 y tras dos años de dolor y de desesperación, Villalpando salía del hospital rumbo a Rialto, donde le esperaban impacientes su familia y amigos.

"Por fin volvía a casa deseando recuperarme y empezar una vida normal como la de cualquier persona de mi edad".

Recuperado de las heridas psicológicas de la guerra, Villalpando lleva un año estudiando arquitectura, aunque reconoce que cuando acabe se dedicará a pintar.

"El arte es mi pasión, es mi forma de escape y de dar a conocer mis sentimientos".

Villalpando utiliza la pintura y los colores para denunciar las injusticias del mundo, el mundo cruel que le tocó vivir.

"A través de mis dibujos quiero hacer pensar a la gente sobre la realidad del sistema, que muchas veces no se quiere ver. Los colores reflejan dolor y muerte".

Villalpando se dibuja a sí mismo, desesperado y atormentado tras el dolor que le tocó vivir.

Ganas de vivir

Los ojos Villalpando transmiten fuerza y ganas de vivir. Cada día agradece a Dios por estar vivo.

"Sin su ayuda, hoy no estaría aquí".

Villalpando trata de llevar una vida normal, disfrutando con su familia y amigos. Tiene planes es escribir un libro sobre su experiencia en el ejército junto a otros tres ex soldados.

"Cada uno quiere contar su historia y dar a conocer lo que se esconde detrás de una realidad que no se quiere dar a conocer".

Además, Villalpando quiere convencer a otros jóvenes latinos para que no se alisten en el ejército.

"Les pido que no se dejen seducir por el dinero que ofrecen, como lo hice yo".

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