INLAND: Durante la crisis, los latinos son los más afectados

 DIANA CERVANTES/ESPECIAL PARA LA PRENSA
María Sandoval trabaja en una casa de retiro para enfermos, Extended Care Hospital, en Riverside. Durante varios meses consultó la sección de clasificados de los periódicos locales para conseguir empleo. 
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Riverside - Son las 6 de la tarde y afuera de la oficina de correo un trabajador vacía la correspondencia del buzón en una caja de plástico. La caja está llena de sobres blancos con una franja. Son los sobres del desempleo. Mientras el cartero va pasando la correspondencia de un lado a otro, se alcanza ver varios apellidos hispanos.

Y entonces, aquello de que la economía en el Inland Empire está mejorando, queda en entredicho. El Departamento de Desarrollo de Empleos de California (EDD), reveló hace unos días que en diciembre del 2011, aproximadamente 23,000 residentes de los condados de Riverside y San Bernardino consiguieron trabajo.

Durante ese mismo mes, en California, el índice de desempleo disminuyó del 11.3 por ciento al 11.1, mientras que a nivel nacional, el índice pasó a ser del 8.8 por ciento. Estos datos fueron interpretados por los economistas y los políticos como una muy buena noticia.

De acuerdo al reporte del EDD, los empleos en el área de distribución y logística aumentaron un 5 por ciento en comparación con el 2010, mientras que en el área administrativa, salud y gubernamental, también hubo un incremento.

“El hecho de que el número de californianos que han conseguido trabajo vaya en aumento significa que están encontrando oportunidades”, dijo Paul Wessen, economista del EDD. “Esto significa que la economía del estado va para arriba”.

Sin embargo, estas cifras no reflejan la situación que la mayoría de latinos viven en el Inland.

“No hay trabajo, tengo meses buscando algo, de lo que sea, y no hay nada”, dijo Gloria Ochoa, trabajadora de la limpieza desde hace más de una década. “Mi patrona me despidió porque ya no había casas para limpiar. Ahora limpio una de vez en cuando pero no tengo nada estable”.

Mientras hablaba, Ochoa tomó el teléfono y llamó a una señora que conoció en la iglesia unos días antes.

“Señora, ¿cómo está? Sólo para decirle que si un día se le ofrece, limpio casas y si le gusta mi trabajo me paga. Si no le gusta, no me paga nada”.

Ochoa cuelga. Sabe que probablemente no la llamen pero lo sigue intentando. Aseguró que seguirá haciendo lo que pueda para conseguir un trabajo más estable.

No cuadran

La historia de Ochoa se repite al menos en una de cada tres familias del Inland Empire.

Durante el ‘boom’ de la vivienda, Antonio Hernández, de 51 años y residente de San Bernardino, no daba abasto. En su trabajo de carpintería, el trabajo sobraba.

“Nos dábamos el lujo de rechazar trabajos y no aceptábamos nada por debajo de los 45 dólares la hora”, dijo con un poco de sarcasmo. “Hoy si te ofrecen un trabajo de 15 dólares, agárralo sin poner ninguna condición”.

Y eso cuando hay trabajo. En los últimos dos años ha quedado desempleado en más de seis ocasiones.

“Cuando sientes que ya te vas poniendo al corriente con los pagos de la casa, el carro, el colegio y las tarjetas de crédito, llega nuevamente el ramalazo y a volver a comenzar”.

La última experiencia la tuvo el 31 de diciembre y prefirió no contarle nada a su familia hasta que pasaran las fiestas.

“¿Para qué amargarles el Año Nuevo?”.

A pesar de sus dificultades, la situación de Hernández es afortunada. No ha perdido su casa, ni su auto ni su crédito. Pero no todos han tenido la misma la suerte.

Juan Martínez manejaba todos los días desde San Diego hasta el Condado de Riverside en su Tundra 2008 y no se quejaba. Aunque tenía que pagar 90 dólares de gasolina diarios, valía la pena el viaje, aseguró Martínez, de 38 años y quien desde que emigró a Estados Unidos en 1987 se había dedicado a la colocación de granito y durante el ‘boom’ de la construcción de viviendas tuvo sus mejores años.

Alentado por unos ingresos que ni en sus mejores sueños habría imaginado, compró junto a su esposa una casa en Fontana.

“Todo iba a pedir de boca, hasta que se comenzó a hablar de que la burbuja se estaba reventando”, dijo al recordar esos años de bonanza. “Y se nos reventó a todos… y de qué manera”.

Estas historias respaldan el estudio nacional titulado ‘Hispanics say they have the worst of a bad economy’ (Los hispanos dicen que tienen lo peor de la mala economía), publicado hace unos días por el Centro de Investigaciones PEW, con sede en Washington, D.C. En él se dan a conocer los resultados de una serie de entrevistas a 1,220 hispanos mayores de edad realizadas entre noviembre y diciembre del año pasado.

“En el 2008 hicimos el mismo estudio y lo que se reflejó no fue muy distinto a lo que encontramos este año”, dijo Mark López, autor del informe.

El autor considera que el hecho de que la industria de la construcción y de los servicios haya sufrido tal desplome es lo que más ha afectado a la comunidad latina del Inland.

“La ubicación de los latinos en el comienzo de la recesión también ha sido un factor importante. La caída del mercado de la vivienda y de la industria de la construcción han sido determinantes, lugares como el Inland Empire, el Valle Imperial y Florida vivían en gran parte de esto. Por tal motivo resultaron seriamente afectados”, dijo López.

El estudio arrojó que el 59 por ciento de los entrevistados reportó que ellos o algún miembro de su familia no tuvieron trabajo en el 2011.

El 75 por ciento dijo que sus finanzas se encuentran igual o peor que en el período anterior; el 49 por ciento canceló o pospuso compras importantes y el 28 por ciento reportó que sus casas valían menos del valor por las que las adquirieron.

En el limbo

Aunque esta ha sido una de las peores recesiones económicas de la historia moderna, el grado de afectación ha variado dependiendo al grupo étnico al que se pertenezca, según el estudio del Instituto Pew.

Por ejemplo, del 2005 al 2009, el valor de los bienes de una familia promedio entre los latinos cayó en un 66 por ciento, mientras que la disminución para una familia de raza negra fue del 53 por ciento. La brecha más amplia se registró en las familias de raza blanca que registraron una caída del 16 por ciento.

María Sandoval es trabajadora de limpieza en el Extended Care Hospital en Riverside. Lleva ahí un año.

“Tardé muchos meses en encontrar este trabajo”, dijo Sandoval. “Razones de salud me obligaron a abandonar el mercado laboral. Cuando estuve lista para regresar fue difícil. Las plazas estaban llenas y había lista de espera para lograr una entrevista”.

Los organismos gubernamentales miden el índice de desempleo en relación al número de solicitudes de seguro de desempleo que se tramitan mensualmente. Este dato, sin embargo, puede ser engañoso, ya que no se sabe si los 608,500 trabajadores que dejaron de percibir sus beneficios de desempleo en diciembre del año pasado encontraron un empleo o simplemente agotaron sus beneficios y por lo tanto ya no cuentan.

El investigador Mark López dice que los latinos ahora son optimistas de que sus finanzas se estabilizarán este año.

“Tienen mucha confianza en que sus hijos saldrán adelante y de que las dificultades están por pasar”.

Con esto se comprueba aquel dicho popular que dice: “Al mal tiempo buena cara”.