Denuncian presunto abuso de autoridad

Una familia hispana considera que este caso, que se encuentra en una Corte de San Bernardino, tiene un perfil racial.

OLGA ROJAS/LA PRENSA
En la casa de Peter Aragon III se observan fotos y símbolos militares. El y sus dos hijos han servido en el ejército de Estados Unidos.
3 de 4 Previous Image Next Image

La noche del primero de julio del 2010 será una noche que Peter Aragón III, un residente de Highland de 27 años, jamás olvidará.

Ese día salió a divertirse al centro de Redlands junto a su novia y madre de sus dos hijos, Mónica González, de 27 años, y otros tres amigos.

El automóvil blanco en el que viajaban se volcó, dio tres vueltas y quedó con los neumáticos hacia arriba. González, quien iba en el asiento delantero, perdió su mano derecha.

“Había sangre por todos lados”, recordó Aragón sobre ese accidente.

El hecho ocurrió cerca de a las 2 de la madrugada en la esquina de Greenspot Road y Valencia Court, en la localidad de Highland.

Ante la confusión, Aragón salió del auto, gritaba por ayuda y confesó que estaba desesperado.

Un oficial uniformado del Departamento del Sheriff de San Bernardino se acercó a la escena del accidente, pero Aragón no lo reconoció y al no obedecer las órdenes del oficial, Aragón pensó que le iba a disparar y, temiendo por su vida, lo golpeó, dejándolo medio inconsciente.

“Fue entonces que me di cuenta que era un oficial”, dijo Aragón.

Otro auto del alguacil llegó a la escena.

“Me dijeron que parara. Les dije que necesitaba ayuda, que llamaran a una ambulancia”, mencionó Aragón.

El segundo oficial utilizó varias veces descargas eléctricas contra Aragón, quien trató de regresar al auto accidentado.

“Cuando eres sometido a una descarga de esas, no puedes hacer nada. Sentía electricidad por todo mi cuerpo. Tenía quemaduras en mi espalda. Uno de los oficiales me golpeó en la cabeza varias veces. Hay testigos. Sentí como si tuviera un hueco en mi cabeza”, dijo Aragón.

Estando en el suelo, uno de los oficiales colocó su rodilla en la espalda de Aragón.

“Escuché que decían malas palabras, hasta que me montaron en su auto”, recordó.

De acuerdo a las declaraciones de Aragón, después de que dejaron la escena del accidente, unas millas más adelante, en una calle solitaria, detuvieron el vehículo, abrieron la puerta y le dijeron: “¿Crees que puedes estar golpeando policías?”.

“Sólo recuerdo que me dieron cuatro puñetazos en la cara”, dijo Aragón, quien tenía sus manos en la espalda atadas con las esposas.

Los oficiales golpearon su cara, costillas y partes vitales de su cuerpo, en presunta venganza por haber dejado casi inconsciente a su superior.

De allí, lo trasladaron a la sala de emergencia del Centro Médico Regional Arrowhead en Colton. Lo único que recuerda Aragón de ese momento es cuando la enfermera dijo que le colocaría anestesia antes de colocar las tres grapas de sutura en su cabeza. También recuerda que los oficiales dijeron: “No las necesita”.

En el registro médico solicitado por Aragón, entregado el 22 de febrero del 2012, se lee que fue atendido en la sala de emergencia de ese centro a las 3:30 de la madrugada.

Trauma con dolor, dolor en la espalda después de un trauma y dolor en el hombro izquierdo son algunas de las indicaciones que se leen en el reporte médico. Los exámenes indicaron que no tenía fracturas.

Luego, y de vuelta en el auto patrulla, Aragón dijo que pidió que lo dejaran ir al baño, pero no le dejaron. Al llegar al lugar de detención, otros oficiales le preguntaron: “¿Este es el que golpeó al sargento?”.

De acuerdo a Aragón, cuando le dijeron que se quitara la ropa, tres o cuatro oficiales lo golpearon, usando sus rodillas y codos “para no dejar contusiones en mi cuerpo”, mencionó Aragón.

“Los oficiales me quitaron mi identificación militar, no sé por qué. Tampoco me dieron mi licencia de Arizona que todavía estaba vigente”.

Aragón solía raparse el cabello, ahora no puede hacerlo por la cicatriz en su cabeza. Además, tiene varios tatuajes. En su cuello están los nombres de sus hijos y en el brazo izquierdo el nombre de su novia y un logo militar. Aragón sirvió en la Marina y como Guardia Nacional. Ahora es reservista.

El reporte

En el reporte policial que tiene Peter Aragón II padre, describen a su hijo como un hombre hispano robusto. Aragón mide 5.7 pies (1,74 metros) y pesa 250 libras (113 kilos).

“Se acercó al sargento Dan Finneran y le gritaba, ‘Mi esposa está atrapada en el auto’. Antes de que el sargento pudiera responderle, Aragón le dio un puñetazo en la cara y lo dejó inconciente. Vi al sargento Finneran caer al asfalto y a Aragón gritarle, ‘Le dije que mi esposa está atrapada’”, dijo en su reporte el también oficial del Departamento del Alguacil de San Bernardino, Earl Seratt.

Serrat indicó que “corrí inmediatamente hacía los dos y le grité a Aragón que se detuviera y se tirara al suelo. A medida que me acercaba, empezó lentamente a alejarse y a correr, volteaba para mirarme”.

En ese reporte también el oficial Serrat afirmó que le dijo varias veces a Aragón que se detuviera, que estaba bajo arresto.

“Temí que Aragón pudiera atacarme y utilicé la descarga eléctrica… Aragón comenzó a avanzar hacia mí en posición de combate y como la descarga no era efectiva, continúe utilizando el aparato. Aragón trató de pegarme varias veces, pero pude esquivarlo. Tomé mi pistola con la mano derecha y en la izquierda tenía el aparato de descarga eléctrica”.

Así es como Serrat describió lo sucedido aquella madrugada del accidente.

Luego se lee que Serrat temía que Aragón pudiera golpearlo y dejarlo inconciente, y que no pudo utilizar su arma porque temía que podía herir a algunas de las otras personas que estaban allí.

“Fui capaz de completar el circuito de la descarga eléctrica, que comenzó a ser efectiva, y Aragón lentamente comenzó a caer al suelo”, dijo en el informe.

El oficial describe cómo colocó su rodilla en la espalda de Aragón para evitar que se levantara y mencionó que Aragón se resistía.

“Como la descarga eléctrica no funcionaba y no obedecía a las órdenes, cerré el puño y lo golpeé dos o tres veces en la parte de atrás de su cabeza… finalmente le coloqué las esposas”.

Luego se lee que Serrat fue a auxiliar al sargento Finneran, quien estaba muy confundido y tenía sangre en su cara y nariz.

A la escena arribaron otros dos oficiales más del Departamento del Alguacil de San Bernardino, Silva y Brandt, y ayudaron al sargento.

Mientras tanto, la conductora del vehículo accidentado estaba atrapada y se quejaba de que no podía salir.

“Le dije que la ayuda ya estaba en camino”, dijo Serrat.

Cuando llegaron los bomberos, el oficial dirigió a uno de ellos a ayudar al sargento y los otros abrieron el auto para sacar a las dos pasajeras del frente. Describe que observó a Mónica González desplomada en el asiento sin su mano derecha.

De acuerdo al reporte, fotos, tanto del sargento Finneran como de Aragón, fueron tomadas en la escena del incidente y se encuentran en el sistema computarizado de la estación del alguacil.

El reporte también dice que Aragón admite haberle pegado al sargento Finneran, disculparse y mencionar que eso no estuvo bien. Dijo que pensó que el sargento iba a sacar su pistola.

“Estaba viendo y el sargento sólo tenía una linterna en su mano”, dijo Serrat.

Aragón también dijo que se resistió al arresto porque enloqueció al ver que Mónica González había perdido la mano.

Uno de los testigos afirmó en el reporte que Aragón no tuvo razón para golpear al sargento, quien inicialmente le dijo que se calmara.

Otro testigo mencionó que Aragón estaba molesto porque la ambulancia estaba tardando mucho.

Antes de llevar al sargento Finneran al Centro Médico Saint Bernardine’s, le preguntaron si recordaba lo ocurrido, respondió que no y éste preguntaba insistentemente qué había pasado.

Describen al sargento como aturdido y confundido e incluso preguntó si su vehículo había estado involucrado en un accidente.

De acuerdo al reporte policial, a las 4:36 de la mañana los otros ocupantes del vehículo fueron transportados al Hospital de Loma Linda.

Lolita Harper, encargada de enlace comunitario del Departamento del Alguacil en San Bernardino, dijo que “ese caso todavía está en la corte y no podemos dar detalles del mismo”.

Sólo confirmó que se trata de un asalto a un oficial de ese departamento.

Otras denuncias

En un artículo publicado por la agencia de noticias EFE el 14 de marzo de este año, un activista aseguró que ya se han presentado quejas previas de violación de derechos civiles por parte de los alguaciles de San Bernardino.

“Creemos que algo está mal en el Departamento del Alguacil de San Bernardino en cuanto al trato de minorías”, declaró a EFE Jorge Mario Cabrera, director de comunicaciones de la Coalición Pro Derechos Humanos del Inmigrante en Los Angeles (CHIRLA).

Cabrera además mencionó que “una familia latina en ese lugar puede ser víctima de una jugada sucia”.

Hizo esta declaración en referencia al caso de la familia Rocha, cuyo hijo había estado detenido por más de 42 días por presunta agresión.

“Tenía mucho respeto por los agentes del orden. Soy un militar, pero después de esto entiendo [lo que muchas personas critican de ellos]”, dijo el joven Aragón.

Tanto para Aragón padre como para el hijo, este caso tiene perfil racial.

“Creen que todos los mexicanos somos cholos o miembros de una pandilla… En ese entonces estaba pelón”, admitió Aragón hijo.

“¿Por qué tratan a los latinos como si fueran animales después que han ido a la guerra a pelear por este país?”, se preguntó Aragón II, el padre.

Este caso tenía que discutirse en corte el 27 de febrero, pero fue aplazado hasta el 23 de marzo, cuando un juez ordenó la detención de Aragón hijo.

“Tiene una fianza de 150,000 dólares”, dijo el padre.

Además, salió a la luz un incidente que Aragón tuvo en sus años de preparatoria, cuando tenía 15 años y llevó una navaja a su escuela. Ese incidente está incluido en su expediente.

“Están tratando de hacerme ver mal”, dijo Aragón hijo.

Aragón padre argumenta que su hijo sufre de trastorno por estrés postraumático, conocido en inglés por sus iniciales PTSD, además de otras enfermedades asociadas a sus años de militar, como depresión bipolar. La corte está a la espera de esos reportes médicos.

“Me pregunto cómo una persona que ha recibido varias descargas eléctricas puede resistirse a un arresto”, preguntó Aragón hijo, quien agregó, “No lo hice intencionalmente, no sabía que era un oficial, no se identificó. Probablemente parecía un loco gritando por ayuda”.

Aragón no trabajaba y estaba en casa cuidando a sus hijos, una niña de 2 años y medio que nació sorda y quien requiere cuidado especial, y a su otro hijo menor, además de dos hijos de una relación previa.