COLUMNA: “Ángel”: Niña que sufrió abusos se convierte en una mujer fuerte

CASSIE MACDUFF/THE PRESS-ENTERPRISE
Rose Gift y su esposo Michael Gift celebran con un pastel después de su boda el 21 de abril de
2012.

En 1990, una niña pequeña, hambrienta y abusada, fue rescatada de un clóset infestado de cucarachas en una casa en San Bernardino donde la habían encerrado sus padres durante la mayor parte de los últimos 10 años.

A los 12 años de edad, ella pesaba solamente 57 libras.

Envoltorios de comida de tiendas de víveres estaban regados en el piso, lo que quedaba de los restos de comida que le lanzaban dentro del closet. Su ropa estaba apelmazada de orina y heces. No tenía cama. Un balde era su excusado.

Ella no asistió a la escuela por años, sólo se le permitía salir del clóset para limpiar la cocina y los baños.

La noticia acerca de los abusos que sufrió la pequeña niña se esparcieron por todo el mundo, propiciando una oleada de lástima y apoyo. Gente en lugares tan lejanos como Singapur y Arabia Saudita, y desde todos los Estados Unidos, le enviaron tarjetas, juguetes, peluches, ropa y dinero. Las víctimas de abuso le enviaron cartas llenas de palabras alentadoras.

Esta es la historia de cómo una niña pequeña, a quien las personas que la rescataron le dieron en nombre de ‘Ángel’, ha triunfado y superado algunos de los más terribles abusos que la policía de San Bernardino haya presenciado en su historia.

Pero las historias tristes pueden tener finales felices.

No hace mucho, asistí a su boda. Se casó con un muchacho increíble. Me enterneció el corazón ver como su fe, su iglesia, su nueva familia y sus amigos la rodean con amor y apoyo.

Siempre que he escrito acerca de ella y de lo que le ha sucedido en los últimos 22 años, la he identificado como Ángel para proteger su privacidad. Pero ahora ella está lista para que ustedes sepan cuál es su verdadero nombre.

Ella es Rose Gift. Tiene 34 años de edad, aún dulce y de hablar suave, con una inocencia en ella que la hace ver más joven de lo que es.

Ella también es maravillosamente fuerte. Quienes la hemos conocido desde su rescate, nos maravillamos de cómo se ha recuperado de los años de aislamiento y brutalidad que la dejaron con cicatrices en su cuero cabelludo y con los dientes frontales partidos.

“Después de haber trabajado con miles de víctimas del crimen, ella es una de los seres humanos más resistentes que he conocido en mi vida”, dijo Marilynn Kimball, la ahora jubilada jefa del programa de Víctimas y Testigos del Fiscal de Distrito.

Kimball, Steve Filson – el policía que la sacó del clóset – y yo nos maravillamos por su espíritu cálido y afectuoso.

La noche de su rescate, mientras ella esperaba en la sala de emergencia con sus seis hermanos, ella se mantuvo pendiente de que sus hermanos menores estuvieran bien.

Cuando Filson la llevó a ver el cuarto lleno de regalos que la gente le había enviado, aún entonces – apenas instalada en su nuevo hogar sustituto – ella escogió algunas cosas y le dijo que donara el resto a otros niños necesitados.

Fue un informe de un familiar lo que llevó a la policía al rescate de Rose esa noche de octubre. A sus padres les quitaron todos sus siete hijos, aunque Rose fue la única que sufrió de hambre y maltratos.

Con años de atraso en su desarrollo físico y académico, enviaron a Rose a un hogar sustituto con una familia donde, con un ambiente estable, comidas con regularidad, tutores especiales y algunos años de asistencia, se recuperó lentamente.

Ella se gradúo de una preparatoria en el Valle de Coachella, donde se involucró con su iglesia. Con el apoyo de su pastor, ella comenzó a hablar en público acerca de su tragedia y a dar testimonio acerca de cómo Dios cambió su vida, me comentó. Hablar acerca de todo eso la ayudó a sanar.

“Eso me ha ayudado a continuar”, dijo ella. “Yo siempre le digo a la gente, ‘Si no hubiera tenido gente ayudándome, ¿dónde estaría?’ Yo estaría en San Bernardino… en las calles, consumiendo drogas”.

Rose estudió cosmetología y arreglos florales, eventualmente se mudó al Condado de San Diego, donde ha trabajado en un supermercado desde el 2004.

Comenzó empaquetando los artículos en bolsas, después fue al departamento floral, luego a producción, después la trasladaron a otra tienda donde la ascendieron a la panadería, a surtir los estantes con productos frescos y asegurándose de que los que ya tenían tiempo se enviaran a instituciones de caridad.

Allí fue donde Rose conoció al hombre que se convirtió en su esposo el 21 de abril.

Como lo cuenta Michael Gift, un día después del trabajo, él observó a Rose a una distancia y le preguntó a un compañero de trabajo quién era ella. Se las arregló para que se la presentaran. Después de cuatro o cinco citas, él supo que ella era la indicada.

“Te sientes como burbujeante, entusiasmado”, él me dijo en una entrevista telefónica reciente. “Cuando estábamos saliendo en las noches, yo no quería que la noche terminara”.

Rosa ya había salido con otros hombres. Antes de que las cosas se pusieran serias, ella siempre les contaba del abuso que sufrió. “Necesito que sepas de donde vengo, y si no te agrada, sabes donde está la puerta”, les decía ella.

(¿Se dan cuenta a lo que me refiero sobre su fortaleza?)

Cuando ella tuvo esa conversación con Michael, su apoyo y su amor jamás flaquearon. Él pronto la presentó a su familia, y en presencia de su mamá y su papá, él le propuso matrimonio. Ella aceptó. El compromiso duro siete años.

Hace un año, ellos comenzaron a planificar su boda. Rosa supo quien quería que la llevara por el pasillo de la iglesia hasta el altar: Filson, el hombre a quien ella llama su héroe, y quien hoy en día está jubilado del departamento de policía de San Bernardino.

Rose y Filson han estado en contacto todos estos años. Siempre que ella necesitó un consejo o ayuda, él estuvo allí.

En 1990, cuando la rescataron, él era presidente de la Asociación de Funcionarios de Paz de San Bernardino (SBPOA). La oficina de la asociación fue donde se recibieron todos los peluches, juguetes, cartas y otros regalos llegaron después del rescate de Rose.

La SBPOA inició un fondo en su nombre para comprarle ropa, pagar su trabajo dental y para pagar otros cuidados que no le habían dado, al igual que para pagar las clases y las tutorías especiales.

La SBPOA también inicio un evento de caridad anual en Navidad llamado Policías para los Niños, para conseguir regalos para los niños en hogares sustitutos, que fue inspirado por Rose.

Rose aún conserva el primer osito de peluche que Filson le dio. Ella aún tiene el libro que Kimball le dio. Esos son los objetos que marcaron la noche que cambio su vida.

Rose no sólo se ha mantenido en contacto con Filson, ella también se ha mantenido en contacto con Kimball y conmigo. De vez en cuando almorzamos y cada vez me doy cuenta de cómo ha sanado y crecido.

Un día, hace aproximadamente seis años Roshe me llamó para decirme que estaba tomando el autobús a San Bernardino y que si podíamos reunirnos para almorzar. Cuando Kimball y yo la recogimos en la estación de Greyhound, vimos a una Rose diferente, ya no una niña pequeña sino una mujer madura y hermosa.

Nos asombramos cuando nos invitó a su boda, y sentimos curiosidad por ver quien era este hombre con quien se iba a casar. (Filson, siempre protegiendo a su “ángel” quería evaluar al novio).

Michael Gift cumplió más que suficientemente con los requisitos para que lo aprobáramos. Fue algo muy tierno ver como su familia había aceptado a Rose y le había dado la bienvenida en su circulo. La madres de Michael, Dorothy, en la recepción le dijo a Rose que ella es un “Gift” (‘gift’ se traduce como ‘regalo’).

Me encantó el doble sentido.

Pero, ¿qué paso con quienes abusaron de ella? El padre de Rose, Joseph P. Sauceda, pasó casi ocho años en prisión después de declararse culpable de abuso infantil y por causarle lesiones severas. Su madre, Sandra Sauceda, fue sentenciada a cinco años.

Yo estaba en la corte el día que el juez les leyó sus sentencias. Él reprendió tanto a la madre como al padre por gastar su energía acusando a los familiares que denunciaron el delito, en vez de ocuparse en entender por qué hicieron lo que hicieron.

En una declaración dura, él condenó su “falta de consciencia y la falla en aceptar su responsabilidad” por lo que hicieron, y el “alto grado de crueldad” del abuso.

El juez fue Pat Morris, el actual Alcalde de la Ciudad de San Bernardino. Rose no está en contacto con sus padres. Ella ha visto a algunos de sus hermanos de vez en cuando, pero no recientemente.

Los únicos miembros de su familia a quienes invitó a su boda fueron su tía y su tío Mary y Richard Fernández, quienes alertaron a las autoridades acerca del abuso que sufrió y quienes se aseguraron de que la rescataran.

Mary Fernández me dijo que ella y su esposo sabían que la familia los excluiría por informar acerca del delito. Pero una vez que ella supo que a Rose la tenían encerrada en el closet, su prioridad, ella dijo, fue sacarla de ahí.

En realidad, eso le salvó la vida. Ella estaba a punto de morir de inanición – estaba raquítica, su ropa le colgaba del cuerpo como una sábana en una percha, dijo Fernández.

Hace unos pocos años atrás, Rose comenzó a hacer piezas de arte para expresar el dolor que sufrió cuando era niña y para superar el abuso. “Quiero poner lo que pasé en lienzos”, me dijo ella la semana pasada. Ella también escribe poesía.

Michael es un DJ en su tiempo libre y la pareja formó DJ Pokkey and Rose. Ellos hacen “Parrilladas con Ritmo” en el patio de su apartamento. Tanto los vecinos jóvenes como los viejos van a disfrutar de la música.

Rose expone sus piezas de arte y su poesía en los espectáculos de Healing Through Art en un café local y en un parque.

Ella estuvo de acuerdo en dejarme contar su historia – su final feliz – para darle esperanza a otras víctimas de abuso.

“Nunca se rindan”, es su mensaje. “Puedes superarlo. Habrá algunos momentos difíciles, pero puedes sobrevivir”.

Lo más importante, según dice ella, es tener a otras víctimas de abuso con quien hablar.

“Si no tienes a nadie en tu vida que haya pasado por lo mismo, encuentra a alguien”, dijo ella.

La voz de la experiencia.

Cassie MacDuff es columnista de The Press-Enterprise.