VOTO 2012: ¿Gigante dormido?

DAVID BAUMAN/THE PRESS-ENTERPRISE
De izquierda a derecha, Eliseo Medina, secretario-tesorero internacional de SEIU (Service Employees International Union) en Washington, DC, habla con Arnulfo De La Cruz, de San Bernardino, Director Estatal de Mi Familia Vota, Anthony Ortiz de Riverside, y Elizabeth Sánchez, de Bloomington. El voto latino nunca ha sido un gigante dormido, dicen expertos.
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Se dice que el voto hispano es como un gigante dormido.

Pero, ¿qué tan cierto es eso? Expertos dicen que los electores hispanos nunca han estado dormidos; sin embargo, factores externos como la educación y el nivel de pobreza, influyen en el nivel de participación cívica.

Por décadas los latinos han sido el grupo minoritario que más ha crecido en términos del número de electores y el número de votantes, dijo Antonio González, presidente el Instituto William C. Velásquez, un centro sin fines de lucro e imparcial investigativo en Los Ángeles, quien también dirige el proyecto Southwest Voter Registration Education Project.

“Desde 1980 hemos crecido en un promedio de 5 por ciento”, dijo González.

El aumento se traduce así: en 1980 hubieron unos 3 millones de latinos registrados para votar; en el 2008 hubieron cerca de 11.6 millones de latinos registrados, indican datos del Instituto William C. Velásquez.

Para las elecciones del 6 de noviembre, hay unos 23.7 millones de hispanos elegibles para votar – los que ya tienen 18 años y son ciudadanos – y de esos se calcula que 11 millones están registrados.

El Registro de Votantes de San Bernardino, a partir del 22 de octubre, tenía 844,770 votantes registrados. De estos 318,179 lo hicieron como Demócratas; 304,059 como Republicanos y unos 222,532 independientes. Del total de votantes, 12,635 se registraron en español; de estos 8,664 eran Demócratas, 2,086 Republicanos y 1,885 independientes.

De acuerdo a cifras obtenidas el 22 de octubre, el Registro de Votantes de Riverside indicó que tenía 925,671 personas registradas; de esos 335,279 eran Demócratas, 381,139 Republicanos y 209,253 independientes. El Registro no tuvo datos para determinar cuántos votantes eran hispanohablantes.

¿Hay un gigante dormido? González piensa que no.

“Siempre ha estado despierto. Pero los medios de comunicación no saben interpretar bien las cifras”, dijo González.

Esta es una elección distinta, con una dinámica diferente.

“Hace cuatro años la situación era otra, California y Texas jugaban un rol predominante por sus cifras demográficas con más de la mitad de los votantes latinos”, dijo Mark H. López, subdirector del Hispanic Pew Institute”. “Ahora es el voto de los estados indecisos en donde hay una gran presencia latina, donde podría definirse la sucesión presidencial”.

El voto latino puede ser crucial para reelegir al Presidente Barack Obama en estados indecisos como Florida, Nevada, Colorado y Nuevo México. Obama mantiene una ventaja de 70 por ciento a 30 por ciento sobre el Gob. Mitt Romney entre los latinos.

“Obama necesita del voto latino y afroamericano para granar estas elecciones. El partido Demócrata no ha podido ganar ninguna elección con el voto blanco desde 1960”, dijo Adrian Pantoja, profesor de asuntos políticos y estudios chicanos en el Colegio Pitzer en Claremont.

Ante la evidente importancia del voto hispano en estados indeciso , organizaciones civiles y partidos políticos han hecho una intensa campaña de registro de votantes, porque aunque el latino se registre para votar en mayores cantidades cada año, hay influencias externas por las cuales sigue votante en menor cantidad que otras comunidades.

El presidente Obama habló de la importancia del voto latino para su campaña en una entrevista reciente con el periódico The Des Moines Register, que fue publicada palabra por palabra en su sitio.

“La segunda cosa que estoy seguro que vamos a lograr hacer el próximo año, es la reforma migratoria... si gano un segundo mandato, una de las razones será porque el candidato Republicano y el partido Republicano han distanciado al grupo demográfico de mayor crecimiento en el país, la comunidad latina. Y este es un fenómeno relativamente nuevo. George Bush y Karl Rove fueron suficientemente inteligentes para entender que el carácter de los Estados Unidos está cambiando. Y por eso, estoy bastante seguro de que van a tener un profundo interés en conseguir [la reforma migratoria]. Yo quiero hacerlo porque es lo correcto y porque yo me he preocupado sobre esto desde que corrí para el puesto en el 2008”.

Para las elecciones del 2008, 50 por ciento de los latinos elegibles votaron, comparado con 65 por ciento de Afro-americanos y 66 por ciento de blancos, indicó el reporte del Hispanic Pew Institute.

Un rompecabezas

Entender el voto latino, concluyen expertos, es comprender cómo se encajan los pedazos del rompecabezas.

El panorama general de un latino se pinta así: la mayor parte de los votantes hispanos son jóvenes, entre los 18 y 29 años, o sea un elector de cada tres (32 por ciento, comparado con 19 por ciento de blanco y 25 por ciento de Afro-americanos); la mayoría de los votantes solamente lo hacen en las elecciones presidenciales, no en las locales; la participación cívica generalmente no arranca hasta después de que cumplen 30 años; culturalmente el latino vota “en familia”, no vota como individuo; los latinos – a pesar de ser el grupo minoritario de mayor población – todavía es el grupo que tiene menos educación y más probreza.

“El problema es que se ha querido englobar a esta población como si fueran un bloque único, de un solo tema”, dijo Arturo Vargas, director ejecutivo de la organización National Association of Latino Elected and Appointed Officials. “Nada más alejado de la realidad”.

Lograr cambios, toma años, dijo Pantoja.

“Hay factores que no cambian rápido, como el estatus generacional, la educación y la clase social requieren de tiempo para que puedan cambiarse”, dijo Pantoja. “Generalmente los latinos carecen de recursos por lo que son menos propensos a votar”.

De acuerdo a datos del 2011 del Censo, los más recientes disponibles, 15 por ciento de la población en todo Estados Unidos vivía en pobreza. En California, más de seis millones de personas vivían en pobreza en el 2011, un estado donde 38 por ciento de la población es hispana.

La población total del Inland Empire es de 4.3 millones de residentes, de los cuales unos 2 millones son hispanos. De estos, aproximadamente dos de cada diez latinos (uno 22 por ciento) viven en pobreza en el Inland Empire, comparado con 14 por ciento de los no-hispanos.

El ingreso medio por hogar hispano en el Inland es de unos $46,700, indicó el Economista del Inland Empire John Husing. Esto en comparación con más de $52,100 de otros hogares.

Otro factor que influye en qué tan involucrado está el latino con la política, es su edad. Expertos indican que el hispano se interesa más sobre lo que pasa en su comunidad cuando compra casa, forma una familia y tiene más educación.

En el Inland, solamente cerca de 13 por ciento de latinos tienen dos años de estudios universitarios o más, en comparación de un 36 por ciento de los no-hispanos, indicó Husing en un reporte.

Por lo general, la comunidad latina sale a votar para las elecciones presidenciales, pero disminuye drásticamente su participación en las locales. ¿Por qué? Porque no hay una conexión, dijo Mariel Garza, editora de opinión para Los Ángeles New Group, durante un foro reciente en Pasadena.

“La gente no se compromete después de las elecciones presidenciales porque siente que no hay nada para ellos”, dijo Garza. “Sienten que no hay nadie que los represente”.

Además, el hispano por lo general tiene una forma distinta de cómo se involucra en la comunidad, dijo Roberto Suro, profesor de periodismo en la Universidad del Sur de California y director del Tomás Rivera Policy Institute en Los Ángeles. Las personas blancas, por ejemplo, dijo Suro, comprenden que para lograr cambios deben dirigirse al sector público.

“La comunidad latina tiene distintas maneras poderosas de involucrarse. Pero la realidad es que no está en nuestra fibra criarnos alrededor de juntas públicas gubernamentales”, dijo Suro. “La comunidad se fomenta alrededor de las cocinas, de los jardines de nuestras familias”.

Eso es algo que Carlos R. Chávez, 53 y residente de Pomona, hace. Antes de votar, le llama a su compadre para hablar sobre las elecciones. Chávez, un carpintero que trabaja en Los Ángeles, se conviertió en residente por medio de la amnistía de 1986 y se hizo ciudadano en 1995.

“Sé algo de la 30 y 38, pero la verdad es que no sé cómo nos van a afectar... ¿cómo va a votar usted?”, Chávez cuenta, sobre lo que le preguntó a su compadre durante una conversación telefónica reciente.

Acudir a un familiar no es raro, indica Raymond Buriel, profesor de psicología y estudios Chicanos en Pomona College.

“Muchos de los latinos que van a votar lo harán por la recomendacion de la familia, muchas veces le hacen caso al que habla más”.

También los grupos religiosos son parte clave de la toma de decisiones de los latinos. Rosita Álvarez, 38, y residente de Chino, es un claro ejemplo de esto.

“Soy Cristiana y en la Iglesia a la que voy siempre nos están hablando de lo importante que es participar”, dijo Álvarez, quien confiesa que a pesar de ser una cuarta generación de latinos en Estados Unidos, no creció con la idea de que era muy importante salir a ejercer su derecho al sufragio. Votó por primera vez a los 28 años de edad.

Movilizando al elector

Con 52 millones de residentes hispanos – o sea casi 17 por ciento de la población en Estados Unidos – es imposible ignorar a esta comunidad.

Por eso campañas políticas como la del Demócrata José Medina y del Republicano Bill Batey, ambos compitiendo por el escaño para la Asamblea del Distrito 61 de Riverside, han tomado un planteamiento conciente desde el primer día de campaña.

“Tenemos a gente bilingüe en todo lo que hacemos”, dijo Medina, refiriéndose a las personas que tocan de puerta en puerta, a los que contestan teléfonos en la sede de la campaña, y hasta la publicidad que corre en las radios y canales de televisión.

Su gente, incluyéndole a él, dijo, están dispuestos a platicar con los residentes, hasta aceptar el desayuno de chorizo con huevo que recientemente le ofreció una familia en la comunidad de Casa Blanca. El propósito es de escucharlos y conversar con ellos, dijo Medina.

“La idea de un ‘gigante dormido’ es un mito. No hay nada de la comunidad latina que esté dormida”, dijo Medina, señalando a las organizaciones civiles como Mi Familia Vota, Latino Voter Registration Project y el Southwest Voter Registration Education Project, las cuales tienen enlaces con otros grupos nacionales que también buscan incrementar la participación del elector hispano.

Matthew Dobler, gerente de campaña de Bill Batey, dijo que su equipo decidió realizar juntas con pequeños empresarios en comunidades como Moreno Valley y Perris para escuchar sus opiniones.

“También tenemos la ‘Serie de Cafecito Latino’, donde aprendemos sobre los temas que son importantes para los residentes, en una conversación dentro de sus propias casas”, dijo Dobler.

Dobler dijo que la campaña comprende la importancia de contar con el sufragio hispano. Pero por otro lado, Batey quiere cortejar a la comunidad latina porque él mismo es de descendencia mexicana. La familia de la madre de Batey, Cynthia Hernández-González, es originaria de una comunidad cerca de Jalisco, dijo Dobler.

“En este distrito, el voto latino es una porción gigante, y su voto es igual de importante que los demás”, dijo Dobler.

Herencia cultural

En países como México, de donde procede más del 60 por ciento de los latinos de Estados Unidos, el acto de salir a votar, nunca tuvo un peso importante, especialmente en un escenario político dominado durante 70 años por el Partido Revolucionario Institucional, y donde se imponía a los candidatos independientemente de lo que dijeran o pensaran los electores.

El dominio de un partido hicieron de México, lo que en algún momento el escritor Mario Vargas Llosa calificara como la “dictadura perfecta”.

En ese contexto, la herencia política se convierte en un factor desmovilizador, porque no se cree en el valor del voto.

“A muchas personas cuando les hablas de votar te dicen: ¿Pero qué diferencia puede hacer mi voto? Cuándo les explicamos que si sumamos los votos de los que piensan de la misma forma, entonces seríamos muchisímos. Se entusiasman un poco más”, dijo Luz Ayala, de la oranización no gubernamental TODEC, localizada en Perris.

Los latinos que van a salir a votar el 6 de noviembre lo harán por la “economía que se ha vivido en los últimos años y la falta de trabajo”, dijo Mark H. López, del Pew Hispanic Center.

Otros electores como Gisela Olivera-Puffelis, quien hace poco se mudó del sur de California a Peoria, Ariz., tienen otros motivos. El factor del miedo y de querer tomar acción contra propuestas antiinmigrantes como la SB 1070 que promueve la Gobernadora de Arizona Jan Brewer, es suficiente para motivarse.

“Soy ciudadana desde el 2007. Me impulsa a votar una propuesta progresista, humana y con sentido que combata el clima que se esta viviendo en Arizona”, dijo Olivera- Puffelis. “Me siento con el deber de votar en favor de aquellos que incluso no pueden votar”.

Los números:

California 26 % del voto es latino

Arizona 12% del voto es latino

Illinois 18% del voto es latino

New Jersey 10% del voto es latino

Texas 21 % del voto es latino

Colorado 9% del voto es latino

Nuevo Mexico 35% del voto es latino

Florida 18% del voto es latino

FUENTE: Censo de los Estados Unidos