ENTREVISTA: Concha Rivera: Impecable

CORTESIA
Junto a su esposo Tomás Rivera al poco tiempo de haber llegado a Riverside a finales de los 70.
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Concepción Rivera o ‘Concha’ como le dicen quienes la conocen, lucía impecable el día de la entrevista, no sólo por la perfecta combinación de sus aretes, anillo y collar de plata con piedras azules, sino que su español también resultó impecable.

Platicó de muchas cosas, por supuesto de su esposo, el primer rector chicano del sistema de universidades de California: Tomás Rivera (1935-1984) cuya memoria ella ha luchado por mantener intacta.

“Ella defiende con fiereza, está determinada a preservar la memoria de Tomás Rivera. Hemos tenido muchos rectores pero el más recordado es Tomás Rivera, y es curioso porque sólo estuvo en ese cargo cuatro años. Yo creo que ella tiene mucho que ver en eso”, dijo Carlos Cortés, profesor Emeritus de historia de la Universidad de California, Riverside (UCR) con quien ella trabaja en la Conferencia Anual Tomás Rivera.

También habló con unos ojos que se iluminaron de lágrimas que estuvieron a punto de rodar, de la desaparición de su único hijo varón, acontecida después de la muerte de su esposo.

Concha es la mayor de tres hermanas. Se vino de México con toda su familia a los Estados Unidos cuando tenía 22 años. Aquí su papá trabajó en una compañía de muebles.

Hoy día en su hogar, se observan interesantes objetos de los más de 60 países a los que ha viajado, todo está armoniosamente decorando y posee un jardín tan impecable como ella misma.

Concha se casó con Tomás Rivera cuatro años después que él se graduó del Southwest Texas University y tuvieron tres hijos: Ileana, Irasema y Javier.

En sus inicios matrimoniales, para contribuir al mantenimiento de la casa, transcribía tesis en español y hacía de niñera.

En una entrevista realizada el 13 de agosto de 1998, Concha Rivera relataba con humor como su familia se había mudado tantas veces: ‘Tomás, todavía eres un trabajador migrante: te la pasas mudándote cada dos años’ dijo.

Desde hace varias décadas, Concepción ‘Concha’ Rivera reside en Riverside.

¿Desde cuando le dicen ‘Concha’ quién le colocó este diminutivo?

Mis padres. En mi familia me llamaban ‘Conchita’ pero a mí me daba pena decirle a la gente: ‘Me llamo Conchita’. Concepción en inglés es diferente, tiene otro significado.

¿Y quiénes tienen el privilegio de decirle así?

Todo el mundo, yo prefiero que me llamen ‘Concha’.

Estuve platicando con algunas personas e investigando sobre su persona y algo que no encontré fue su edad ¿Cuántos años tiene?

Y eso no lo vas a saber. Para mí eso no es importante, la gente siempre tiene curiosidad. A una persona joven casi nunca le preguntan la edad, pero sí a una persona mayor.

Dijo en una entrevista que nació en un pueblo pequeño situado al pie de la Sierra Madre en Coahuila. ¿Cómo se llama ese pueblo y qué recuerdos tiene de él?

No era un pueblo, yo salí de ese lugar como a la edad de siete años. Antes de eso no sabían qué eran los vecinos. Éramos solamente la familia. Vine aquí cuando tenía 22 años.

Tengo bastantes memorias de ese lugar. Recuerdo que éramos muy humildes. Vivimos en jacales [choza de bahareque con techo de paja] con piso de arena. Mi papá era campesino y teníamos algunos animales… sólo para sobrevivir: dos vacas y algunos caballos. Yo por lo regular no tenía zapatos, estaba descalza. Te digo que éramos muy humildes.

Tiene tres licenciaturas, una en negocios, otra en interior de diseño y en recaudación de fondos. Para beneficio de Riverside entiendo que se ha desempeñado muy bien en esta última área.

Yo empecé a trabajar después que Tomás murió, conocí personas de diferentes rangos sociales, no sólo en Riverside, también en el estado y eso me facilitó para recaudar fondos.

Se requiere de mucha paciencia, no es fácil enfrentar a una persona y decirle si quiere donar. Hay que hacer la investigación, saber quiénes son, de la familia, los hijos, revisar sus intereses, saber si le gusta la ciencia o la literatura.

A mí me gusta el arte, pero a otros le gusta la ciencia.

Hay que tener habilidad, es una tarea difícil, tienes que tener mucha creatividad y saber mucho de todas las personas, entre más sepas es más fácil para recaudar fondos. Yo nunca pensé que podía hacer esto porque era muy cohibida. Pero cuando tomé esa carrera estaba muy emocionada.

Hay que buscar cuál es el interés de las personas y tienes que andar en todo.

Le gusta bailar. ¿Cuál tipo de baile es su favorito?

Yo bailo ballroom… un poquito de todo. Pero mis preferidos son los latinos como el tango, el bolero, la rumba, el cha-cha-cha. Ahora el merengue y la salsa que son más nuevos, también entró allí. He estudiado de todo, también me gusta el fast track y el swing.

Además entiendo que conoció al rector Tomás Rivera bailando. ¿Recuerda qué canción bailaron? ¿Qué fue eso que usted vio en él que la enamoró?

No recuerdo la canción que bailamos. Y no fue una atracción inmediata, se llevó tiempo.

Él sí, pero yo no (risas). Lo conocí cuando nos venimos a Estados Unidos en Crystal City (Texas) donde él vivía. Yo no conocía a nadie aquí y solamente quería bailar. Él bailaba muy diferente a cómo se bailaba en México, tuve que adaptarme a esta cultura.

Después de ese baile, hubo más bailes y entonces lo empecé a conocer mejor. Era una persona muy humilde, como yo. Honesto, muy trabajador e inteligente y le gustaba bromear. Tenía un gran sentido del humor.

‘Conchita, una humilde fotografía para ti, a quien quiero con un amor profundo y sincero’ Así se lee en una foto de fecha 1954. ¿Por qué compartió esta foto en los archivos de la Biblioteca Tomás Rivera de UCR? Se me hace muy gracioso que firmó ‘Tommy’.

Así le decían ‘Tommy’. La compartí porque yo tengo otra… esa la tengo yo.

Usted es una mujer muy hermosa, siendo la esposa de un poeta hay que preguntarle ¿cuál es el piropo o halago más bonito que le han dicho?

Tomás escribía unas cartas de amor muy lindas, que yo en ese tiempo no pude captar su talento como escritor y desafortunadamente las perdí. Las tenía todas. Eran muy bonitas… tremendas. Nosotros duramos 25 años de casados y nos mudamos muchas veces. Estoy segura que las dejé en una de esas casas. Escribía todos los días, tenía montones de cartas.

¿No las ha buscado?

Hemos preguntado, pero esas casas ya han tenido cuatro y cinco dueños. Recuerdo que me llegaba una carta y la leía, y ya estaba con ansias de recibir otra al día siguiente.

Entiendo que le gustaba cocinar. ¿Cuál es su comida favorita?

Me he hecho tan ‘chiquiona’ [mañosa] para comer. Sí cocinaba porque antes de venir aquí como él era vicepresidente de la Universidad de Texas, en El Paso, siempre reunía a grupos pequeños de 30 a 35 personas.

Cocino comida mexicana, pero la cambio, no es a lo que el mexicano está acostumbrado, no es el típico plato. Por ejemplo, los chiles rellenos yo los hago con espinaca, arroz, queso, carne picada, le pongo granada o algo diferente. Lo mismo con las enchiladas. No cocino gourmet, pero me gusta cocinar. En navidad hago mi fiestecita y preparo los tamales, buñuelos, de todo un poquito.

Se vino a Riverside en septiembre de 1979. ¿Cómo cambió su vida desde que su esposo se convirtió en rector?

Completamente. No sólo estas bajo la mirada de todos, estás como en un bowl [tazón] como un pecesito, muchos están viendo qué haces. No estaba acostumbrada a eso, la vida pública es difícil. La gente espera mucho de las personas, especialmente de los dos, siendo mexicanos.

Tomás decidió que la residencia del rector era de todos, así que teníamos continuamente visita, unas 400 personas a la semana, como 3,600 al año. Bien sea para desayunar, almorzar, cenar o en una recepción.

¿Qué es lo más importante del legado de Tomás Rivera, su literatura o su papel como rector?

Yo sé que su corazón estaba en la literatura y en el salón de clase. Pero Tomás se metió a la administración porque sabía de repente podía ayudar a más gente.

¿Qué papel ha tenido usted en los archivos del rector Tomás Rivera?

Estoy sobre ellos constantemente. También en compartir qué están haciendo y cómo los puedo ayudar física y financieramente, en lo que pueda. Ahora estamos en el proceso de digitalización, ya parece que ya se han conseguido los fondos, esperamos que para el próximo año, cuando se celebren los 25 años de las Conferencias Tomás Rivera, podamos hacer el anuncio.

Su esposo fue el primer rector chicano. ¿Usted sintió recelo o racismo en Riverside?

Racismo. Sí. Y él también lo sintió, pero la presión era mucho más para él. Era el primero en el sistema de la Universidad de California, que además es uno de los mejores del país.

Los anglosajones estaban esperando que cometiera algún error. Pero no sólo por parte de la gente anglosajona, sino también de la gente hispana, ellos esperaban que hiciera favoritismos, y él era el rector de toda la universidad, no sólo de un grupo.

Luego Riverside es muy conservadora. Me imagino que hubiera sido igual si hubiera sido otro latino.

Él representaba completamente al típico mexicano: de estatura baja, pelo chino y peso alto. Eso es lo que el anglosajón ve. Yo los quisiera llevar a todos a la ciudad de México y que me digan cuál es el mexicano.

¿Qué diferencias puede usted contarnos entre Texas y California?

La cultura es un poquito diferente… hay racismo. Pero aquí en California son un poquito más sofisticados en ese sentido. El gobierno en California es más liberal que el gobierno en Texas… pero no entiendo tu pregunta.

Porque está conectada con la siguiente pregunta: ¿Por qué decidió quedarse en Riverside?

Cuando Tomás murió pensé que regresaba a Texas, allá tengo a mis hermanas, una de mis hijas estaba estudiando allá, la familia de Tomás estaba allá. Lo más lógico era que tenía que buscar a la familia. No quise apresurarme, necesitaba calmarme, si eso era posible. Me ofrecieron trabajo en la universidad y quise probar a ver si podía.

¿En el Museo de Fotografía?

Sí, allí estuve por diez años. Mi vida después de Tomás ha sido totalmente diferente, hice cantidad de cosas, era muy activa en muchas organizaciones. Conocí gente que no conocí cuando Tomás vivía. Decidí quedarme unos años, y de eso hace casi 30 años y todavía sigo aquí.

Como recaudadora de fondos tenía que andar en todo lo que pasaba en la ciudad y tenía que hacerlo para el museo.

Entiendo que presentaba muchas pláticas o charlas. ¿Cuáles eran esas cosas de las que comúnmente hablaba en estos eventos?

Ahora no tanto, ya dije todo lo que tenía de que decir (risas). Lo que hacía era que iba a las escuelas de preparatorias a hablarles a los estudiantes sobre el libro de Tomás ‘Y se lo tragó la tierra’. No era para niños pequeños, sino para estudiantes más grandes.

Estuvo en la Casa Blanca cuando su esposo fue condecorado como educador hispano del año. ¿Qué recuerda de la Casa Blanca y cómo se sintió estando allí?

Eso vino tan rápido… la invitación… yo todavía no estaba en mis cinco sentidos. Me sentí muy pequeña, me preguntaba: ¿qué estoy haciendo aquí en la Casa Blanca? Fue una visita muy especial que nunca voy a olvidar. Ya había estado en la Casa Blanca antes con Tomás, durante la presidencia de Jimmy Carter.

Me dijeron que le encanta hacer ejercicios, que es muy atlética y que le gusta jugar tenis. ¿Cuándo aprendió esta disciplina y cuántas horas practica?

Mis tres actividades físicas son: juego tenis tres ó cuatro veces a la semana. Bailo tres veces a la semana y voy al gimnasio tres veces a la semana. Todo el tiempo he hecho ejercicio, estoy acostumbrada.

¿Sabe cuántos países ha visitado en sus viajes? Alguna anécdota en especial que le gustaría compartir sobre uno de sus viajes.

Estoy segura, como 62 países. Me han pasado tantas cosas en mis viajes, unas agradables y otras no tan agradables.

He estado como en cuatro safaris en África, pero recuerdo la primera vez que fui a Kenia, tuve que hacer escala en Frankfurt (Alemania) y en esos días había muchas amenazas terroristas de parte Sudán. El aeropuerto estaba lleno de soldados y yo fui con una amiga que era alemana, ella estaba hablando por teléfono con unos parientes y yo me quede sentada con las maletas esperándola, teníamos tres horas para hacer la conexión.

Llegaron dos soldados y me preguntaron en alemán por una maleta, yo les dije en inglés que no hablaba alemán y me preguntaron más cosas en inglés. Buscaron a dos oficiales más y no me dejaban levantarme, colocaron la cinta amarilla como encerrándome y se llevaron la maleta con unos palos, ni siquiera tocaron esa valija. La explotaron y no tenía nada. Mi amiga llegó y habló con ellos en alemán, pero no la dejaban entrar.

Yo estaba en un pánico terrible, no entendía el idioma, no sabía las leyes de ese país. Eso fue como una hora de terror. Ese viaje como quiera estuvo medio peligroso, a la final sí logramos salir.

Este año acabo de regresar de Mongolia. Muchos me preguntan por qué, y les respondo que aunque las culturas son diferentes, en todos los países he notado que tenemos algo en común. La gente de campo en Mongolia es como la gente del campo en México. Aunque el idioma y la comida sean muy diferentes, el modo de vivir de la gente del campo es muy parecido.

Ha trabajado con muchas organizaciones: Riverside Community Foundation, Riverside County Foundation, Trustee at California Baptist College, Hispanic Chamber of Commerce ¿Todavía participa en estas organizaciones?

Me he retirado ya de todas las organizaciones, la única con la que estoy envuelta es ‘Circle of Innovation’ de Riverside Community College, Leo ‘grant’ [subsidios] y me encanta porque como fui recaudadora de fondos, ahora decido a quienes le damos el dinero.

Sigo muy envuelta con la Conferencia Tomás Rivera.

¿Cómo se sobrevive la desaparición de un hijo?

No vives, está en tu mente constantemente. Te vas a dormir y la última cosa que piensas es en eso. Te levantas y es el primer pensamiento del día. No hay solución para eso.

Por ejemplo, creo que la muerte de Tomás fue tremenda, pero yo sé que murió y sé dónde está. Parte de él está allí. Una persona desaparecida la haz perdido para siempre, no tener ni un hueso que represente a esa persona... No se sobrevive, es difícil de explicar.

Tú no sabes de lo eres capaz de hacer hasta que te encuentras en esa situación. Yo me he encontrado en muchas situaciones difíciles y creo que no puedo. Pero al final, ha sido una vida interesante, no sé si una vida completamente feliz. Hay partes de mi vida en la que he sido completamente feliz, otras han sido muy difíciles, y creo que eso es vivir. Hay que perder para ganar.

Con la pérdida de una persona te imaginas un millón de escenarios que hayan podido pasar. Te preguntas por qué, cuándo y dónde, pero principalmente por qué.